jueves, 12 de mayo de 2011
Sobre las visuales
Muy buenas.
Me han mandado esto y me ha parecido genial. Pocas cosas explican mejor las diferencias entre los tíos y las tías. ¿Habéis visto la cara de felicidad del que está tumbado? Esto demuestra lo poco que hace falta para hacer feliz a un hombre:
- Es que los tíos sois súpercomplicados para regalaros cosas.
- No sé, cualquier cosa. No hace falta que te molestes.
- Pero qué quieres?
Que qué queremos?, joder, pues está claro: una piscina de tetas. Que es difícil, lo sabemos; que se nos puede hacer felices de muchas maneras, no lo queréis saber. Para vosotras, es mejor complicarlo todo: si es demasiado simple, carece de romanticismo, lo puede hacer cualquiera. Pero no veis que somos más planos que todo eso!!, una piscina nos vale, seguro!!
El otro día tuve una comida en la que hablábamos sobre la playa y sus encantos. Se me ocurrió mencionar el famoso "ir a echar unas visuales" y me condenaron sin juicio ni nada. Los tíos saben de qué hablo. Las tías, o no lo entienden o no quieren. "Ir", que vamos; "a echar", a hacer; "unas visuales", de ver, no de tocar, ni de hablar, ni de pedir el teléfono (que, por cierto, dónde lo apuntaríamos?). Vamos a ver la playa en toda su dimensión para comprobar que todo esté en perfecto estado de orden y revista. Al llegar, como buen soldado, se le da al compañero las correspondientes novedades y, si fuera necesario, ubicación y coordenadas de los puntos de interés, o conflictivos...
Resulta que, al contrario de lo que yo pensaba, las tías no miran. No necesitan piscinas de penes. No les importa ni el tamaño, ni la forma. Ni siquiera les parece algo curioso de ver. Esto, en realidad, no me cuadra mucho con un montón de vídeos e historias que circulan por Internet, que no todo va a ser inventado por los tíos! Esto, a priori, podría parecer hasta un halago para nosotros: no miran porque les es suficiente con lo que tienen en casa. Podríamos pensar esto, pero es que es mentira!! Las tías miran exactamente igual que los tíos, lo que pasa es que no lo hacen como si estuvieran en el escaparate de una pastelería, como nosotros. Pasamos por delante de una piscina de tetas, y miramos. Claro que miramos, porque no sabemos mentir.
- Quieres entrar?
- Qué, cómo dices?
- Que si quieres entrar, que te has quedado absorto en tus pensamientos.
- No, no cariño. Ya sabes que yo sólo quiero estar contigo.
- Vale, como quieras.
Como quieras? Que no, que estáis equivocadas. Cómo no va a querer entrar!! Lo malo es que los tíos no son capaces de decir, joder, cojonudo, una piscina de tetas! y las tías se creen que a ellos no les apetece más que las suyas. Le preguntas a un hijo, cuando se queda embobado en una pastelería, si quiere un bollo?, pues no, le preguntas cuál.
Además, no me digáis que juntar la idea de la piscina con la de las compras no es cojonuda. Un visionario!! Estoy casi seguro que, por algo así, incluso no os importaría que entráramos. Sigo esperando vuestra sinceridad (admitiendo, que no me llamen intolerable Mou, las que de verdad no miren: las ciegas) y que deis un paso al frente. A los tíos los tengo calados, me da igual lo que sus mujeres cuenten. Sólo me queda la duda de si las tías son del todo conscientes y lo hacen adrede, pero saben muy bien lo que quieren.
Si alguien tiene que regalarme algo, no hace falta que pregunte. En realidad, esto vale para cualquier tío: una camiseta Adidas o una piscina de tetas (o sin piscina).
Nos vemos.
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