Muy buenas.
Ultimamente he tenido la suerte de hablar con muchas mujeres que piensan -por primera vez y como concepto- o están pensando en el divorcio. Digo la suerte porque, aunque es algo que me entristece profundamente, conocer distintos puntos de vista sobre las relaciones, siempre es enriquecedor.
Aparte de este enriquecimiento personal, también el hecho de que confíen en mí para contar algo tan íntimo y personal me hace sentir bien, no creo que sea mi ego, sino simplemente que tengo oídos grandes y predispuestos. Sólo tengo que pulir algunas cosillas, como el hecho de que todo lo que me cuentan me afecta sobremanera, como si tuviera que dar una solución. Pero eso será otro post.
Para resumir, diré que básicamente son las misma quejas con disitintos finales. Las mujeres se quejan de que los hombres no les hacen caso, y es totalmente cierto. Sin más. Es cierto que es difícil saber qué quieren exactamente y que no tiene porqué ser lo mismo hoy que mañana, pero esa es una excusa demasiado fácil y recurrente para que la usemos. Las mujeres sólo quieren que les hagan caso.
Creo no equivocarme si digo que la principal queja de las mujeres es esta. Podría ser mucho peor, podrían esperar que las quisiéramos! Pero no. Quieren que no seamos un compañero de piso. Esto choca frontalmente con aquella idea de que tienen un espíritu de supervivencia y que con que el entorno familiar esté bien, es suficiente. Para nada.
Esta es una confusión habitual de los hombres por tanto. El hecho de que consigamos éxitos profesionales y todo nuestro entorno esté "normalizado" no es suficiente para que una mujer, al menos en lo que respecta a la parcela de la pareja, esté satisfecha. Es muy común confundir el pack familiar con el de pareja.
Elegir la persona con la que quieres estar es lo más importante de nuestras vidas. Cuando has luchado por lo que quieres y diseñado un futuro para los tuyos, lo único que merece la pena es compartirlo, si no, es mejor estar sólo. Los trabajos, por mucho que nos den, se acaban; los hijos, por mucho que los queramos, se van; los amigos, por mucho que nos juntemos, siguen su camino. Qué nos queda? Nos queda la persona con la que hemos decidido compartirlo todo. Y compartir es eso, formar parte de uno.
Esto, aunque no lo creáis, se repite constantemente. Sólo cambian los finales. Algunas deciden "aguantar" por diversos motivos: que sea verdad que en esos momentos es lo que quieren, la seguridad familiar, el bienestar de los hijos, el miedo a la soledad, etc. Todas muy respetables, y todos los motivos de ellos, también. Pero "todo fluye, nada permanece, sólo existe el movimiento", y es así, por mucho que nos empeñemos en enrocarnos en posturas que creemos firmes.
Lo más difícil de todo esto es que no tiene que ver con el amor, al menos si no profundizamos. Y todos queremos, o creemos querer, y estamos convencidos de nuestro amor. Pero hay algo que casi todo el mundo olvida, y es lo que uno quiere hacer. Esto es cambiante y no se puede planear, y lo que es peor, no se puede obviar, que es lo que hacemos.
Sería un ejercicio de honradez por nuestra parte -la de los hombres- reconocer que algo está mal cuando una mujer decide separarse "teniéndolo todo", algo de lo más común. Podríamos reconocer también que el desconocimiento universal de la mente femenina y la incapacidad mundial para controlar sus emociones tiene algo que ver. Hasta que no encontremos un mecanismo de comunicación más eficaz -al parecer no basta con nuestro "emisor" y su "receptor"- tendremos que contarnos experiencias, único camino para hacer frente al día a dia.
En fin, encantado de recibir vuestra confianza.
Nos vemos.
viernes, 29 de junio de 2012
lunes, 4 de junio de 2012
El Ivanismo
Muy buenas, a todos!!!
Perdón por el retraso. Como dije, estoy a bordo de un barco muy especial y he bajado un momento para hacer acopio de alimentos y, como no, recoger nuevos pasajeros...
Ya que estoy en tierra firme, me gustaría presentaros una nueva corriente de pensamiento que ha terminado de fraguarse en este mini crucero: el Ivanismo.
El Ivanismo, o forma de pensar de Iván, reune una serie de pensamientos y acciones que persiguen el ideal de la felicidad sin dejar de vivir el presente. Esto quiere decir que, mientras buscamos, actuamos.
Podrían citarse muchas influencias, pero básicamente son las mujeres en general y algunas en particular las que han ejercido mayor presión a la hora de asentar las bases de dicha filosofía. L, M, E, M, C, R y alguna otra tienen en sus actos la explicación de mi comportamiento, o mejor dicho, mi interpretación de sus actos.
Todo nace de la necesidad de hacer las cosas bien, dando por buena la idea de que no puede ser de otra manera. Esto parece una obviedad, pero no lo es. Todo el mundo puede reconocer entre lo que está bien y lo que no, y también todo el mundo se pasa media vida encontrando argumentos para convencerse y convencer a los demás que sus actos sí que son buenos, por muchas razones. Es por ello que cada uno es feliz, o eso cree, porque sus actos para ellos están bien.
Normalmente soy "acusado" de no seguir mis pensamientos, de no dejarme llevar. Está bien, es así, no me dejo llevar. No me quiero dejar llevar, no le encuentro sentido. Y no se lo encuentro por la misma razón de antes: creo que hay cosas buenas y cosas malas. Eso no me impide reconocer los instintos más básicos de la condición humana, de todo tipo, que son los que nos llevan a pensar en todo tipo de cosas, las buenas y las malas.
Seguramente la conciencia de cada uno es la que marca el rasero de nuestro bien y nuestro mal, por lo que todo el mundo suele estar tranquilo con lo que hace, sin importarle demasiado lo que piensen los demás. Pero la realidad es que hay gente que se siente mal, y muy mal, con los actos de los demás, por lo que podríamos llegar a la conclusión de que, efectivamente, alguien hace algo mal.
Una vez hemos asumido que queremos hacer el bien -reconociendo que podemos estar haciendo el mal- podríamos pensar qué queremos en la vida, y DECIRLO. Esta es una de las grandes contradicciones entre lo que queremos y lo que solemos dar a entender a los demás que queremos. Al final la verdad siempre se muestra, como mis canas. Reconocerlas da cierta elegancia por despreocupación, y ocultarlas es una huida hacia adelante.
Pues ya sabemos qué queremos hacer y además lo vamos a hacer bien. Son dos grandes pasos. Nos hemos quitado de enmedio a los que no saben lo que quieren y a los que harían cualquier cosa por conseguirlo, me parece que no es poco. El siguiente paso es saber que esto nunca tiene final, que siempre vamos a estar persiguiendo algo que no sabemos si conseguiremos, pero que sabemos que es lo que queremos y nada ni nadie puede interponerse en eso.
Y cómo vamos a conseguir aguantar toda esa presión que significa estar persiguiendo toda una vida lo que queremos? Esta parte es la que más me gusta!! Pues viviendo... Viviendo lo que queremos, de verdad, no lo que queremos que oigan... Aquí están naturalmente los instintos de los que hablaba antes, cómo no!, los que el deseo, la ira, la soberbia nos obligan a pensar, e incluso a realizar, pero que no nos apartan de nuestro camino.
El barco está lleno de gente que quiere ser feliz. Si fuera esa la única condición, estaría lleno, pero no, hace falta saber que para conseguir ideales, hay que perseguirlos. Y eso cuesta una vida, pero una vida llena de sentimientos y sensaciones, de actuaciones sin demoras.
Un beso grande.
Nos vemos.
Perdón por el retraso. Como dije, estoy a bordo de un barco muy especial y he bajado un momento para hacer acopio de alimentos y, como no, recoger nuevos pasajeros...
Ya que estoy en tierra firme, me gustaría presentaros una nueva corriente de pensamiento que ha terminado de fraguarse en este mini crucero: el Ivanismo.
El Ivanismo, o forma de pensar de Iván, reune una serie de pensamientos y acciones que persiguen el ideal de la felicidad sin dejar de vivir el presente. Esto quiere decir que, mientras buscamos, actuamos.
Podrían citarse muchas influencias, pero básicamente son las mujeres en general y algunas en particular las que han ejercido mayor presión a la hora de asentar las bases de dicha filosofía. L, M, E, M, C, R y alguna otra tienen en sus actos la explicación de mi comportamiento, o mejor dicho, mi interpretación de sus actos.
Todo nace de la necesidad de hacer las cosas bien, dando por buena la idea de que no puede ser de otra manera. Esto parece una obviedad, pero no lo es. Todo el mundo puede reconocer entre lo que está bien y lo que no, y también todo el mundo se pasa media vida encontrando argumentos para convencerse y convencer a los demás que sus actos sí que son buenos, por muchas razones. Es por ello que cada uno es feliz, o eso cree, porque sus actos para ellos están bien.
Normalmente soy "acusado" de no seguir mis pensamientos, de no dejarme llevar. Está bien, es así, no me dejo llevar. No me quiero dejar llevar, no le encuentro sentido. Y no se lo encuentro por la misma razón de antes: creo que hay cosas buenas y cosas malas. Eso no me impide reconocer los instintos más básicos de la condición humana, de todo tipo, que son los que nos llevan a pensar en todo tipo de cosas, las buenas y las malas.
Seguramente la conciencia de cada uno es la que marca el rasero de nuestro bien y nuestro mal, por lo que todo el mundo suele estar tranquilo con lo que hace, sin importarle demasiado lo que piensen los demás. Pero la realidad es que hay gente que se siente mal, y muy mal, con los actos de los demás, por lo que podríamos llegar a la conclusión de que, efectivamente, alguien hace algo mal.
Una vez hemos asumido que queremos hacer el bien -reconociendo que podemos estar haciendo el mal- podríamos pensar qué queremos en la vida, y DECIRLO. Esta es una de las grandes contradicciones entre lo que queremos y lo que solemos dar a entender a los demás que queremos. Al final la verdad siempre se muestra, como mis canas. Reconocerlas da cierta elegancia por despreocupación, y ocultarlas es una huida hacia adelante.
Pues ya sabemos qué queremos hacer y además lo vamos a hacer bien. Son dos grandes pasos. Nos hemos quitado de enmedio a los que no saben lo que quieren y a los que harían cualquier cosa por conseguirlo, me parece que no es poco. El siguiente paso es saber que esto nunca tiene final, que siempre vamos a estar persiguiendo algo que no sabemos si conseguiremos, pero que sabemos que es lo que queremos y nada ni nadie puede interponerse en eso.
Y cómo vamos a conseguir aguantar toda esa presión que significa estar persiguiendo toda una vida lo que queremos? Esta parte es la que más me gusta!! Pues viviendo... Viviendo lo que queremos, de verdad, no lo que queremos que oigan... Aquí están naturalmente los instintos de los que hablaba antes, cómo no!, los que el deseo, la ira, la soberbia nos obligan a pensar, e incluso a realizar, pero que no nos apartan de nuestro camino.
El barco está lleno de gente que quiere ser feliz. Si fuera esa la única condición, estaría lleno, pero no, hace falta saber que para conseguir ideales, hay que perseguirlos. Y eso cuesta una vida, pero una vida llena de sentimientos y sensaciones, de actuaciones sin demoras.
Un beso grande.
Nos vemos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)