Muy buenas.
El otro día escuché en la radio la que ha sido para mí, sin lugar a dudas, la noticia del año: Un italiano de 84 años se cayó de un árbol en su pueblo.
Defraudados? Espero que no. Tras la caída estuvo no sé cuánto tiempo en el hospital curándose las heridas y finalmente los médicos le dieron el alta. Todo parecía transcurrir con normalidad hasta que los familiares empezaron a poner denuncias contra él por dilapidar su fortuna. Vamos, que no iban a heredar nada.
El caso es que el abuelo se estaba gastando los ahorros de toda su vida en el burdel de su pueblo. La policía ha dicho que se puede gastar el dinero, naturalmente, en lo que le plazca. Los familiares decidieron ir más allá y consiguieron que un médico le visitara para declarar su demencia e incapacitarle.
Cual fue su sorpresa que, tras la exploración y los estudios pertinentes, el médico le diagnosticó adicción al sexo. Tras el accidente al parecer se le movieron algunas neuronas y el resultado fue ese. A todo ello ha favorecido la buena salud de Ivanno, deportista acérrimo que siempre basó su alimentación en el aceite de oliva.
Sí, ya sé qué estáis pensando. Para los mal pensados -aunque no veo la necesidad de excusarme- la noticia es real y la escuché en Onda Cero y estoy seguro que en Internet circula.
Entiendo que habrá gente que en este momento esté pensando en subirse a un pino de dimensiones adecuadamente razonables a cambio de tan suculento premio, no es la solución. También podrían plantearse a estas alturas de aceite de oliva virgen extra, tampoco. Imagino que esto es un poco como Obelix, que de pequeño uno se cae de la cama con la suerte que justo se le mueven esas neuronas y su futuro queda escrito.
Porque, quién ha dicho que tenga que ser algo innato? Quién ha dicho que no se pueda mejorar? Quién puede decir que tiene todo hecho? En ese sentido las mujeres son mucho más cómodas que los tíos, libradas de cualquier culpa en lides amatorias.
Siendo sincero tengo que decir que nunca he oído a un tío decir algo malo de una tía en la cama. Para explicarme un poco mejor, no considero que "que te dejen de hacer" o "que no se dejen hacer" tal o cual cosa, sea quejarse de las capacidades femeninas. Es más el joder, qué mala suerte que no he podido llegar a donde quería.
Sin embargo las tías son mucho más afiladas. Si algo sale mal, siempre es culpa de él (no es que me haya pasado, es lo que me cuentan...) No sé exactamente cómo son las conversaciones del día siguiente entre las tías. Si pudiéramos hacer un paralelismo:
- Qué pasa campeona, cómo fue? Te lo tiraste? (Mejor preguntar de entrada, nada de sorpresas)
- Bua tía, no te puedes imaginar.
- Pero, te tocó las tetas? Llegó abajo?
- Me tocó escuchar todo el rollo del fútbol y estuvimos en 4 bares antes de que me dijera si quería ir a un sitio más tranquilo. Y no paraba de pensar en que al final no me lo tiraría.
- Pero, cómo fue?
- Pues después de toda la noche al final ya pasaba de todo y sólo quería dejarle en casa y volver a buscar a unas amigas con las que me había encontrado.
- Y entonces cómo pasó, cuenta ya.
- Pues que al final me dijo que le llevara a casa que al día siguiente tenía partido quería descansar.
- Joder, pues vaya!
- Pues eso, le llevé a casa ya desesperada y cuando estábamos en el portal me dijo que por qué estaba enfadada.
- Le dije que no lo estaba y que yo también quería descansar.
- Entonces me dijo que si no quería subir!
Hay una cosa que debemos reconocer: lo que nos importa es triunfar. Para nosotros triunfar es acostarnos con vosotras, no el resultado. Y esto es sólo porque ES IMPOSIBLE saber realmente si hemos estado bien o mal. Comparado con qué? con quién?
Mejor no pensarlo.
Nos vemos.
lunes, 31 de mayo de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
La inversión de las parejas
Muy buenas.
¿Por qué lo llaman sexo cuando quieren decir amor?
Me estoy dando cuenta que las expectativas de los tíos y las tías son inversamente proporcionales a medida que van cumpliendo años.
Los tíos suelen querer empezar sus andaduras sin demasiados compromisos, sin complejos, confiando que la variedad y la cantidad les llevarán a la mejor elección. Normalmente por el camino van dejando jovencitas que sueñan con lo contrario, con encontrar su prícipe azul a las primeras de cambio.
Esta tendencia se invierte cuando pasamos de los 35. Las tías empiezan a comprarse pisos sólas y se compran gatos y ya no les importa el amor -o eso dicen- y los tíos se lanzan como locos a una búsqueda desesperada de doncellas sin pasado (vírgenes a poder ser!!) una vez asentados en sus puestos de trabajo que tanto les costó conseguir.
Creo que uno puede enamorarse igual con 19 que con 35, la única diferencia, obviamente, es la experiencia. Es eso imprescindible? A mi parecer, no. Particularmente tengo una gran admiración por las parejas que "empiezan" y "terminan". No quiero decir que la experiencia sea inútil, pero doy prioridad a otros asuntos, como el amor, la comprensión y la complicidad, todas ellas forjadas por los años vividos juntos.
Hay otra vertiente que tenemos que tener en cuenta: todos buscamos problemas.
Si una tía de 18 se encuentra a uno que le promete amor eterno, es muy pronto. Es muy joven.
Si una tía de 25 se encuentra a uno que le promete amor eterno, no es el momento. No es la prioridad.
Si una tía de 35 se encuentra a uno que le promete amor eterno, no le cree. No es lo que quiere. Ellas sólo buscan sexo, las demás parcelas las tienen cubiertas (o no).
Los tíos somos más lineales (sé que esto no me traerá nada bueno). A los 18, 25 y 35, por no seguir, queremos lo mismo. Sólo depende de la tecla a tocar. A algunos se la tocan con 18 y a otros con 35.
De todo esto hay una cosa que me traumatiza, con la que no puedo convivir: cómo se llega al punto de no creer los unos en los otros. Quiero decir que ya ni siquiera se plantean si se quieren o si no, sino si esto les llevará a renunciar a todo lo conseguido, como si la única opción posible fuera que la otra persona quisiera arrebatárselo.
Entiendo que los tiempos han cambiado y hoy en día no dejamos de ver a mujeres preciosas que tienen que sacar a sus hijos adelante y tíos deseosos de dar cariño, hartos de sentir que el trabajo da las satisfacciones que da. Por qué nos empeñamos en que sea diferente a cuando tenemos 14 años? Al fin y al cabo soy sólo una chica pidiendo que la quieran (Notting Hill).
Quiero apostar con cualquiera que quiera jugar conmigo. Mi apuesta es simple: el que quiere, es querido.
Reclamaciones y sugerencias: Ena-Moral-2
Nos vemos.
¿Por qué lo llaman sexo cuando quieren decir amor?
Me estoy dando cuenta que las expectativas de los tíos y las tías son inversamente proporcionales a medida que van cumpliendo años.
Los tíos suelen querer empezar sus andaduras sin demasiados compromisos, sin complejos, confiando que la variedad y la cantidad les llevarán a la mejor elección. Normalmente por el camino van dejando jovencitas que sueñan con lo contrario, con encontrar su prícipe azul a las primeras de cambio.
Esta tendencia se invierte cuando pasamos de los 35. Las tías empiezan a comprarse pisos sólas y se compran gatos y ya no les importa el amor -o eso dicen- y los tíos se lanzan como locos a una búsqueda desesperada de doncellas sin pasado (vírgenes a poder ser!!) una vez asentados en sus puestos de trabajo que tanto les costó conseguir.
Creo que uno puede enamorarse igual con 19 que con 35, la única diferencia, obviamente, es la experiencia. Es eso imprescindible? A mi parecer, no. Particularmente tengo una gran admiración por las parejas que "empiezan" y "terminan". No quiero decir que la experiencia sea inútil, pero doy prioridad a otros asuntos, como el amor, la comprensión y la complicidad, todas ellas forjadas por los años vividos juntos.
Hay otra vertiente que tenemos que tener en cuenta: todos buscamos problemas.
Si una tía de 18 se encuentra a uno que le promete amor eterno, es muy pronto. Es muy joven.
Si una tía de 25 se encuentra a uno que le promete amor eterno, no es el momento. No es la prioridad.
Si una tía de 35 se encuentra a uno que le promete amor eterno, no le cree. No es lo que quiere. Ellas sólo buscan sexo, las demás parcelas las tienen cubiertas (o no).
Los tíos somos más lineales (sé que esto no me traerá nada bueno). A los 18, 25 y 35, por no seguir, queremos lo mismo. Sólo depende de la tecla a tocar. A algunos se la tocan con 18 y a otros con 35.
De todo esto hay una cosa que me traumatiza, con la que no puedo convivir: cómo se llega al punto de no creer los unos en los otros. Quiero decir que ya ni siquiera se plantean si se quieren o si no, sino si esto les llevará a renunciar a todo lo conseguido, como si la única opción posible fuera que la otra persona quisiera arrebatárselo.
Entiendo que los tiempos han cambiado y hoy en día no dejamos de ver a mujeres preciosas que tienen que sacar a sus hijos adelante y tíos deseosos de dar cariño, hartos de sentir que el trabajo da las satisfacciones que da. Por qué nos empeñamos en que sea diferente a cuando tenemos 14 años? Al fin y al cabo soy sólo una chica pidiendo que la quieran (Notting Hill).
Quiero apostar con cualquiera que quiera jugar conmigo. Mi apuesta es simple: el que quiere, es querido.
Reclamaciones y sugerencias: Ena-Moral-2
Nos vemos.
martes, 11 de mayo de 2010
El primate de los huevos
Muy buenas.
Finalmente he caído ante la insistencia general y la semana pasada estuve viendo Redes. Me gustó. Hablaban de los monos y sus parecidos razonables con los humanos, aunque también los tengan las ratas y alguno más.
Por lo visto hay un tipo de primates a los que les crecen los huevos. Hasta ahí nada nuevo, a todos se nos han hinchado alguna vez. Lo anormal es que a ellos les crecen porque a ellas les gustan más cuanto más grandes son. Al parecer cuanta más cantidad de esperma tienen más sustancias desprenden y eso a las monas les vuelve locas.
La pregunta es obvia: ¿importa el tamaño? Está claro que sí. Si las monas pueden distinguir el aroma del esperma, nuestras mujeres podrían calificarlo sin vernos. Podríamos hacer la prueba poniendo una venda en los ojos a más de una y estoy seguro que sacaría hasta cómo tiene las pestañas.
Primera reflexión: cómo saber si es grande o no
Naturalmente, no vale con que nuestra mujer lo diga. Lo primero porque poder valorar ese tipo de cuestiones implicaría que ha visto más de una, que podría comparar, y eso NO ESTA BIEN. Por otra parte ellas tienden a cuidar nuestra autoestima y serían incapaces de gastar bromas tipo "bígaro" o "mi cosita".
La única opción válida es haber estado en un vestuario masculino y con gente de confianza, tipo algún equipo. Ellos te dirán sin ningún rubor dónde te encuentras en el ranking de los ciruelos. Si no lo hacen ya te encargarás tú de compararte como puedas en el espejo (que siempre tienen vaho y son un poco confusos).
Tampoco ayuda vuestra tendencia a exagerar, normalmente antes de casados, la primera vez que lo veis (guau o me haces daño no son buenas pistas para el futuro).
Segunda reflexión: qué hacer si ya lo sabes
Vamos a dejar de lado la opción de súper miembro, suponemos que no necesitan ningún tipo de reflexión.
Si no es nuestro caso, lo importante es sacarle el máximo partido posible. Normalmente los tíos desarrollan un sentido de la imaginación proporcional a la capacidad de adaptación en ellas. Ya hemos mencionado antes que jamás nos darán pistas sobre el tema en cuestión, es más, siempre aumentarán un par de tallas sin ningún rubor, con lo que nuestra imaginación seguirá trabajando.
Tercera reflexión: qué hacer cuando lo sabes y sabes que ella también lo sabe
Esto se complica. De alguna manera tu cabeza no deja de pensar que, en alguna parte del mundo -quizá no muy lejana-, hay algún sujeto que se podría "amoldar" mejor a tu mujer. De hecho ella también lo sabe y podría estar pensándolo. Esto es muy duro. No es cuestión de cambiar el carácter o intentar ser mejor en tal o cual cosa. Estamos hablando de la posibilidad de utilizar un alargador de pene, por supuesto testado.
Porque, ¿acaso importa realmente el tamaño? Vosotras siempre decís que lo importante es quererse y todo eso, pero luego sois las primeras en preguntarnos por otras tías. Me refiero a preguntas del tipo "¿no te parece que María tiene las tetas demasiado grandes?". Es una pregunta claramente condicionada. En realidad tienes que decir que sí, por supuesto, pero no sólo eso, sino que las suyas son del tamaño ideal. La pregunta nunca es "¿qué te parecen las tetas de María?", abierta. No. Para nada.
A nosotros nos gustan las tetas, en general. Las pequeñas porque caben en la mano y las grandes porque no. Las duras porque son como piedras y las blandas porque puedes hundirte. Bueno, yo hablo por lo que me cuentan... El caso es que esto nos debería animar a pensar que a vosotras os pasa lo mismo, quiero decir, que en realidad os gustamos nosotros, pero no puedo dejar de pensar que, si os tenéis que decidir, siempre elegiréis la dura que no quepa en la mano.
Nos vemos.
Finalmente he caído ante la insistencia general y la semana pasada estuve viendo Redes. Me gustó. Hablaban de los monos y sus parecidos razonables con los humanos, aunque también los tengan las ratas y alguno más.
Por lo visto hay un tipo de primates a los que les crecen los huevos. Hasta ahí nada nuevo, a todos se nos han hinchado alguna vez. Lo anormal es que a ellos les crecen porque a ellas les gustan más cuanto más grandes son. Al parecer cuanta más cantidad de esperma tienen más sustancias desprenden y eso a las monas les vuelve locas.
La pregunta es obvia: ¿importa el tamaño? Está claro que sí. Si las monas pueden distinguir el aroma del esperma, nuestras mujeres podrían calificarlo sin vernos. Podríamos hacer la prueba poniendo una venda en los ojos a más de una y estoy seguro que sacaría hasta cómo tiene las pestañas.
Primera reflexión: cómo saber si es grande o no
Naturalmente, no vale con que nuestra mujer lo diga. Lo primero porque poder valorar ese tipo de cuestiones implicaría que ha visto más de una, que podría comparar, y eso NO ESTA BIEN. Por otra parte ellas tienden a cuidar nuestra autoestima y serían incapaces de gastar bromas tipo "bígaro" o "mi cosita".
La única opción válida es haber estado en un vestuario masculino y con gente de confianza, tipo algún equipo. Ellos te dirán sin ningún rubor dónde te encuentras en el ranking de los ciruelos. Si no lo hacen ya te encargarás tú de compararte como puedas en el espejo (que siempre tienen vaho y son un poco confusos).
Tampoco ayuda vuestra tendencia a exagerar, normalmente antes de casados, la primera vez que lo veis (guau o me haces daño no son buenas pistas para el futuro).
Segunda reflexión: qué hacer si ya lo sabes
Vamos a dejar de lado la opción de súper miembro, suponemos que no necesitan ningún tipo de reflexión.
Si no es nuestro caso, lo importante es sacarle el máximo partido posible. Normalmente los tíos desarrollan un sentido de la imaginación proporcional a la capacidad de adaptación en ellas. Ya hemos mencionado antes que jamás nos darán pistas sobre el tema en cuestión, es más, siempre aumentarán un par de tallas sin ningún rubor, con lo que nuestra imaginación seguirá trabajando.
Tercera reflexión: qué hacer cuando lo sabes y sabes que ella también lo sabe
Esto se complica. De alguna manera tu cabeza no deja de pensar que, en alguna parte del mundo -quizá no muy lejana-, hay algún sujeto que se podría "amoldar" mejor a tu mujer. De hecho ella también lo sabe y podría estar pensándolo. Esto es muy duro. No es cuestión de cambiar el carácter o intentar ser mejor en tal o cual cosa. Estamos hablando de la posibilidad de utilizar un alargador de pene, por supuesto testado.
Porque, ¿acaso importa realmente el tamaño? Vosotras siempre decís que lo importante es quererse y todo eso, pero luego sois las primeras en preguntarnos por otras tías. Me refiero a preguntas del tipo "¿no te parece que María tiene las tetas demasiado grandes?". Es una pregunta claramente condicionada. En realidad tienes que decir que sí, por supuesto, pero no sólo eso, sino que las suyas son del tamaño ideal. La pregunta nunca es "¿qué te parecen las tetas de María?", abierta. No. Para nada.
A nosotros nos gustan las tetas, en general. Las pequeñas porque caben en la mano y las grandes porque no. Las duras porque son como piedras y las blandas porque puedes hundirte. Bueno, yo hablo por lo que me cuentan... El caso es que esto nos debería animar a pensar que a vosotras os pasa lo mismo, quiero decir, que en realidad os gustamos nosotros, pero no puedo dejar de pensar que, si os tenéis que decidir, siempre elegiréis la dura que no quepa en la mano.
Nos vemos.
sábado, 1 de mayo de 2010
Celos?
Muy buenas.
Te has tomado unas vacaciones de relax con tu mujer, de las de no hacer nada, de las de cansarte de descansar. Una bonita playa con un montón de actividades contra el aburrimiento y unas hamacas situadas estratégicamente cerca del bar donde el camarero no deja de preguntar si quiere usted algo más.
Son sitios donde, después de un día de mucho sol, ya en la noche ves a tu mujer doradita y con ese resplandor que sólo da la playa. Pero está claro que no eres el único que la ve así. La playa siempre ha sido un lugar deshinibido.
Te apuntas alguna actividad que te haga sudar, que te haga apetecer una bebida bien fresquita. Al volver te das cuenta que el monitor de buceo, que es a la vez el jefe de la sección de masajes, está hablando con tu mujer con esa manía que tienen sólo los cachitas de agarrar mientras lo hacen. Debes preocuparte? Te vas a mantener lo mejor que puedas tu figura y cuando vuelves te das cuenta que allí no hay normas. Pero, un momento, sí debes preocuparte, en realidad es ella la que lleva el hilo de la conversación así que empiezas a pensar que probablemente la inició ella...
Es cierto que vuestra comunicación en ese viaje estaba naufragando pero, qué puedes esperar estando una semana 24 horas juntos, sin amigos, sin niñas, sin teléfono... Lo normal es que ella quiera "abrirse" a la comunicación pero, es un monitor-masajista la persona ideal para eso? Igual es argentino. O igual ni habla español y encima quedas como un analfabeto con tu spanglish (inconvenientes de casarte con una licenciada políglota...)
El caso es que no sabes si acercarte o ir a la ducha y luego preguntar como si nada, al fin y al cabo eres un tío maduro que además rebosa confianza. Finalmente decides optar por la opción 2: ir a hablar con una rubia y esperar acontecimientos del tipo "pues yo no te he dicho nada antes..." El caso es que eso no se produce y ella se lo toma con una tranquilidad desconocida y sorpresiva para tí.
Esto naturalmente no puede acabar así. Tú la has visto hablar con un monitor-masajista-cachas-argentino-conversador y ese peaje ha de pagarse, cueste lo que cueste. Esta vez debes poner toda la carne en el asador. Te pones la única camisa que llevaste. Aquella que tu mujer insistió en echar a la maleta ante tú negativa y por la que tuvísteis la primera discusión del viaje. En realidad te queda de cine: blanca de tipo ibicenco que resalta con el morenito que llevas.
Entras al cenador buscando la rubia con deseperación, como si hubieras quedado con ella. No la encuentras y te sientas a observar a esa pareja que baila tan bien. Qué cojones pareja pero si es el monitor con mi mujer! Sales escopetado sin sabes qué decir ni qué hacer y te sientas a mirar el mar esperando el peor de los desenlaces. Pero la playa tiene esas cosas, que siempre te da oportunidades. Alguien toca tu espalda y ves a la rubia que ahora te parece mucho más espectacular. Ella sí que está doradita. Su conversación es más que agradable y te has olvidado de todo.
Cuando no sabes qué lugar tomar, cuando casi agradeces que tu mujer estuviera bailando esa bachata tan sensual de lo culpable que te sientes al desear cosas malas, de repente, aparece tu mujer. Pero no aparece sóla. Aparece agarrada del súperhombre. Agarrada como si fueran pareja.
- Así que estáis aquí? Ya pensábamos que no os encontraríamos..., Federico y yo estábamos pensando lo peor.
- Federico? Tú? Estábamos? Os conocéis?
- Naturlamente. Claudia es la mujer de Federico. Ellos se encargan que a la gente del hotel no les falte de nada.
No sabes qué decir. Por una parte es un alivio que el tal Federico esté csado (aunque parece no importarle mucho), pero por otra tu autoestima está por los suelos. Además, tienes la sensación de que eres el único que está incómodo con la situación. Tu mujer todavía no se ha soltado de Fede -no parece estar incómoda ni con intención de hacerlo- y tu "no conquista" ni se ha inmutado, lo que te hace pensar que esto no acabará aquí.
En realidad siempre tuviste la fantasía de estar con 2 mujeres, pero que una de ellas fuera tu mujer y que además hubiera otro tío (y qué tío!), no entraba en tus planes. Qué hacer? Las pocas veces que insinuaste a tu mujer algo así parecía muy recatada y ahora se la ve, digamos, sueltecita, sin sueño, vaya. Tienes que dejar el pabellón bien alto, pero alto alto alto.
Te retiras unos metros para hablar con tu mujer.
- Qué hacemos?
- Lo que tú quieras cariño (lo que uno dice cuando no sabe qué decir)
- Yo lo estoy pasando bien. Ya sabes que sólo te quiero a tí.
(Eso te da que pensar que ya lo tiene decidido)
- Pues, no sé, lo que tú quieras (empiezas a parecer lelo)
- Hacemos una cosa, vamos los cuatro tranquilos a la cabaña y luego decidiremos.
Hay cosas que un hombre tiene que hacer por su mujer, cueste lo que le cueste. A cualquier precio.
Nos vemos.
Te has tomado unas vacaciones de relax con tu mujer, de las de no hacer nada, de las de cansarte de descansar. Una bonita playa con un montón de actividades contra el aburrimiento y unas hamacas situadas estratégicamente cerca del bar donde el camarero no deja de preguntar si quiere usted algo más.
Son sitios donde, después de un día de mucho sol, ya en la noche ves a tu mujer doradita y con ese resplandor que sólo da la playa. Pero está claro que no eres el único que la ve así. La playa siempre ha sido un lugar deshinibido.
Te apuntas alguna actividad que te haga sudar, que te haga apetecer una bebida bien fresquita. Al volver te das cuenta que el monitor de buceo, que es a la vez el jefe de la sección de masajes, está hablando con tu mujer con esa manía que tienen sólo los cachitas de agarrar mientras lo hacen. Debes preocuparte? Te vas a mantener lo mejor que puedas tu figura y cuando vuelves te das cuenta que allí no hay normas. Pero, un momento, sí debes preocuparte, en realidad es ella la que lleva el hilo de la conversación así que empiezas a pensar que probablemente la inició ella...
Es cierto que vuestra comunicación en ese viaje estaba naufragando pero, qué puedes esperar estando una semana 24 horas juntos, sin amigos, sin niñas, sin teléfono... Lo normal es que ella quiera "abrirse" a la comunicación pero, es un monitor-masajista la persona ideal para eso? Igual es argentino. O igual ni habla español y encima quedas como un analfabeto con tu spanglish (inconvenientes de casarte con una licenciada políglota...)
El caso es que no sabes si acercarte o ir a la ducha y luego preguntar como si nada, al fin y al cabo eres un tío maduro que además rebosa confianza. Finalmente decides optar por la opción 2: ir a hablar con una rubia y esperar acontecimientos del tipo "pues yo no te he dicho nada antes..." El caso es que eso no se produce y ella se lo toma con una tranquilidad desconocida y sorpresiva para tí.
Esto naturalmente no puede acabar así. Tú la has visto hablar con un monitor-masajista-cachas-argentino-conversador y ese peaje ha de pagarse, cueste lo que cueste. Esta vez debes poner toda la carne en el asador. Te pones la única camisa que llevaste. Aquella que tu mujer insistió en echar a la maleta ante tú negativa y por la que tuvísteis la primera discusión del viaje. En realidad te queda de cine: blanca de tipo ibicenco que resalta con el morenito que llevas.
Entras al cenador buscando la rubia con deseperación, como si hubieras quedado con ella. No la encuentras y te sientas a observar a esa pareja que baila tan bien. Qué cojones pareja pero si es el monitor con mi mujer! Sales escopetado sin sabes qué decir ni qué hacer y te sientas a mirar el mar esperando el peor de los desenlaces. Pero la playa tiene esas cosas, que siempre te da oportunidades. Alguien toca tu espalda y ves a la rubia que ahora te parece mucho más espectacular. Ella sí que está doradita. Su conversación es más que agradable y te has olvidado de todo.
Cuando no sabes qué lugar tomar, cuando casi agradeces que tu mujer estuviera bailando esa bachata tan sensual de lo culpable que te sientes al desear cosas malas, de repente, aparece tu mujer. Pero no aparece sóla. Aparece agarrada del súperhombre. Agarrada como si fueran pareja.
- Así que estáis aquí? Ya pensábamos que no os encontraríamos..., Federico y yo estábamos pensando lo peor.
- Federico? Tú? Estábamos? Os conocéis?
- Naturlamente. Claudia es la mujer de Federico. Ellos se encargan que a la gente del hotel no les falte de nada.
No sabes qué decir. Por una parte es un alivio que el tal Federico esté csado (aunque parece no importarle mucho), pero por otra tu autoestima está por los suelos. Además, tienes la sensación de que eres el único que está incómodo con la situación. Tu mujer todavía no se ha soltado de Fede -no parece estar incómoda ni con intención de hacerlo- y tu "no conquista" ni se ha inmutado, lo que te hace pensar que esto no acabará aquí.
En realidad siempre tuviste la fantasía de estar con 2 mujeres, pero que una de ellas fuera tu mujer y que además hubiera otro tío (y qué tío!), no entraba en tus planes. Qué hacer? Las pocas veces que insinuaste a tu mujer algo así parecía muy recatada y ahora se la ve, digamos, sueltecita, sin sueño, vaya. Tienes que dejar el pabellón bien alto, pero alto alto alto.
Te retiras unos metros para hablar con tu mujer.
- Qué hacemos?
- Lo que tú quieras cariño (lo que uno dice cuando no sabe qué decir)
- Yo lo estoy pasando bien. Ya sabes que sólo te quiero a tí.
(Eso te da que pensar que ya lo tiene decidido)
- Pues, no sé, lo que tú quieras (empiezas a parecer lelo)
- Hacemos una cosa, vamos los cuatro tranquilos a la cabaña y luego decidiremos.
Hay cosas que un hombre tiene que hacer por su mujer, cueste lo que le cueste. A cualquier precio.
Nos vemos.
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