Muy buenas.
Me han enseñado un vídeo que me ha dejado atónito. Se trata de un león marino violando a un pingüino. El resto de leones marinos y pingüinos no hacían otra cosa que mirar, algo parecido a lo que pasa por las calles cuando se lían uno par de borrachos a la vista de todos, que la gente incluso aplaude!
El que ha puesto el vídeo dice que es una violación, y tiene toda la pinta porque el pobre pingüinín está ahí abajo totalmente aplastado y no parece disfrutar mucho. No sé mucho de las costumbres de estos animales, pero muy desesperado tiene que estar un lobo marino para tirarse a un pingüino, que se lo saca prácticamente de entre los dientes. Imagino que las lobas marinas, como otras lobas, no les harán mucho caso y tendrán que buscarse las habichuelas en otra parte.
Puestos a pensar en todo esto y buscando alguna razón, nos pararemos a pensar en el cambio climático o simplemente que esta locura general de promiscuidad se ha trasladado de los humanos a los animales, aunque creo que justamente fue al revés, los humanos tomamos ese comportamiento animal de dejarnos llevar por el deseo sin tener en cuenta lo que precisamente nos diferenciaba de ellos, decir que no queremos comer cuando tenemos hambre.
Ena-Moral-2 se creó precisamente porque siempre quise pensar en la necesidad de que la gente estuviera acompañada: hay dos personas majas y pienso que estarán mejor juntas, sin más. Sí, ya sé que no siempre 1+1 son 2 pero, ¿y el rato bueno que pasamos todos? Unos mirando como espectadores qué pasará y luego preguntando por los detalles y los otros con cierta ilusión al menos por algo nuevo que podrá o no ser, pero que tiene al menos un camino que recorrer.
Sí, ya sé que algunos (sobre todo algunas) no tienen ninguna necesidad de estar con gente, incluso alguno no quiere que le jodan la vida!, pero yo veo mucho interés e ilusión en general por conocer gente nueva. Ya sé que no es comparable, pero lo putis están llenos de leones marinos y, aunque reconozco que siempre habrá clientes vagos habituales, estoy seguro que muchos preferirían dejar de salir de noche en busca de un imposible.
Vuelvo a las cruzadas, a pedir para todos una oportunidad, una ilusión. Sé que hay gente que merece mucho la pena y está dispuesta a subir montañas aunque no sea su camino en la vida, pero sabe que al hacerlo habrá premio. Desde Ena-Moral-2 apuesto por todos, por la comunidad del amor.
Nos vemos.
viernes, 21 de noviembre de 2014
jueves, 13 de noviembre de 2014
He sido bueno
Muy buenas.
He sido bueno. En general, en mi vida, he sido bueno. Desde pequeño he mirado siempre por los demás, tanto en no molestar como en que estuvieran bien. Nunca dí collejas porque sí ni llamé "gordito" o "gafotas" a nadie. Nunca me peleé más allá de las cosas de niños. De hecho, a día de hoy, no recuerdo haberme peleado salvo para responder a una agresión.
He hecho las cosas bien. Las cosas generales, claro. Fui a catequesis sin rechistar y pasé todos mis cursos porque era lo suyo, imagino, lo mínimo para tener un futuro. Trabajé y gané dinero, unas veces más y otras menos, para poder seguir con una vida independiente. No le debo dinero a nadie, salvo al banco (que se aguante) y mis gastos están más o menos controlados.
He sido fiel. Siempre. Ya sé que es una elección y que lo ideal sería que ni siquiera se te pasara por la cabeza mirar a otra mujer. En fin, en eso he hecho lo que he podido, pero he sido fiel. Y lo seré siempre. Me parece el peor de los engaños hacer creer a una persona que todo está en orden mientras no es así. Indefensión total.
He querido de verdad. Nunca he tenido que pensar en querer, es lo que me apetecía. Cuando he visto problemas los he dicho y cuando he notado cosas que no me cuadraban, también. Nunca he dejado pasar una sensación sin comentarla ni me he quedado con algo guardado para luego echarlo en cara. Lo he dicho en el momento.
He sido buen amigo. Tampoco es ningún mérito. Me gusta ayudar a la gente y ver que se siente bien. He escuchado y preguntado cuando creí que las cosas no iban bien. A veces me ha costado más de un disgusto por preguntar más de la cuenta, pero no quería dejarlo pasar y hacer como si no pasara nada. Me parecía que era echarme a un lado. Una vez fallé y me ofrecí a pedir disculpas, pero no fueron aceptadas. También me fallaron y alguien muy sabio, y ahora muy lejano, me dijo que perdonara y olvidara. También lo hice lo mejor que pude.
He sido buen hijo, hermano y familiar. La familia nunca falla y está claro que la sangre tiene algo especial. Como dicen los gitanos, te quiero más que a mi sangre. Sólo espero no fallar como padre, aunque para ser honesto, estoy tranquilo. Mi abuela era única y todos somos uno, así que no fallaré.
Y después de enumerar OBJETIVAMENTE todas mis virtudes y buenas maneras, debo decir que no es suficiente para llevar la vida que uno quiere. Uno se cae y se levanta, se tambalea, se marea y busca su sitio, se reinventa, en definitiva. Es así, la vida es así. Nos pone a prueba y sólo la manera en que uno encara los problemas define el resultado final. Volvemos a poner parapetos y tapamos las goteras a la espera de que no filtren nuevas fugas, pero es imposible.
Así que nos rearmamos e intentamos hacer una nueva casa desde los cimientos, desde lo que realmente importa, desde los sentimientos. Y crece y crece a medida que pasa el tiempo. Y vence las dificultades y es resistente a las nuevas amenazas y todo tipo de ataques. Es la casa que quieres. Pero hay que estar alerta. Llegarán nuevas dificultades y nuevos retos y ¿estaremos con las herramientas adecuadas para vencerlas? Uno cree que sí, que con la predisposición es suficiente, pero no lo es. Hay que levantar el muro y bajarse a pie de obra para evitar que haya fugas. Sabemos la casa que queremos, vamos a construirla.
Debo decir que mi casa son las personas que quiero. Si pudiera vivir de eso, lo haría. Querer. Querer de verdad y por encima de todo. Sin excusas. También tengo que admitir que la vida para los demás no es así, que esa vida quizás sólo me vale a mí. Mas que comprenderlo, lo encajo, como los golpes. Sé positivamente que soy mejor persona cuando estoy con la gente que quiero. Me motiva, me anima y me hace querer hacer más y mejores cosas. Ojalá siempre me dejaran. A cambio, prometo ser buen chico.
No quiero terminar sin dedicar una mención especial a todos los hipócritas de los cuales estoy rodeado, que preferís echaros unas risas antes que preocuparos por los demás. Mejor así. No podríais encajar la verdad.
Nos vemos.
He sido bueno. En general, en mi vida, he sido bueno. Desde pequeño he mirado siempre por los demás, tanto en no molestar como en que estuvieran bien. Nunca dí collejas porque sí ni llamé "gordito" o "gafotas" a nadie. Nunca me peleé más allá de las cosas de niños. De hecho, a día de hoy, no recuerdo haberme peleado salvo para responder a una agresión.
He hecho las cosas bien. Las cosas generales, claro. Fui a catequesis sin rechistar y pasé todos mis cursos porque era lo suyo, imagino, lo mínimo para tener un futuro. Trabajé y gané dinero, unas veces más y otras menos, para poder seguir con una vida independiente. No le debo dinero a nadie, salvo al banco (que se aguante) y mis gastos están más o menos controlados.
He sido fiel. Siempre. Ya sé que es una elección y que lo ideal sería que ni siquiera se te pasara por la cabeza mirar a otra mujer. En fin, en eso he hecho lo que he podido, pero he sido fiel. Y lo seré siempre. Me parece el peor de los engaños hacer creer a una persona que todo está en orden mientras no es así. Indefensión total.
He querido de verdad. Nunca he tenido que pensar en querer, es lo que me apetecía. Cuando he visto problemas los he dicho y cuando he notado cosas que no me cuadraban, también. Nunca he dejado pasar una sensación sin comentarla ni me he quedado con algo guardado para luego echarlo en cara. Lo he dicho en el momento.
He sido buen amigo. Tampoco es ningún mérito. Me gusta ayudar a la gente y ver que se siente bien. He escuchado y preguntado cuando creí que las cosas no iban bien. A veces me ha costado más de un disgusto por preguntar más de la cuenta, pero no quería dejarlo pasar y hacer como si no pasara nada. Me parecía que era echarme a un lado. Una vez fallé y me ofrecí a pedir disculpas, pero no fueron aceptadas. También me fallaron y alguien muy sabio, y ahora muy lejano, me dijo que perdonara y olvidara. También lo hice lo mejor que pude.
He sido buen hijo, hermano y familiar. La familia nunca falla y está claro que la sangre tiene algo especial. Como dicen los gitanos, te quiero más que a mi sangre. Sólo espero no fallar como padre, aunque para ser honesto, estoy tranquilo. Mi abuela era única y todos somos uno, así que no fallaré.
Y después de enumerar OBJETIVAMENTE todas mis virtudes y buenas maneras, debo decir que no es suficiente para llevar la vida que uno quiere. Uno se cae y se levanta, se tambalea, se marea y busca su sitio, se reinventa, en definitiva. Es así, la vida es así. Nos pone a prueba y sólo la manera en que uno encara los problemas define el resultado final. Volvemos a poner parapetos y tapamos las goteras a la espera de que no filtren nuevas fugas, pero es imposible.
Así que nos rearmamos e intentamos hacer una nueva casa desde los cimientos, desde lo que realmente importa, desde los sentimientos. Y crece y crece a medida que pasa el tiempo. Y vence las dificultades y es resistente a las nuevas amenazas y todo tipo de ataques. Es la casa que quieres. Pero hay que estar alerta. Llegarán nuevas dificultades y nuevos retos y ¿estaremos con las herramientas adecuadas para vencerlas? Uno cree que sí, que con la predisposición es suficiente, pero no lo es. Hay que levantar el muro y bajarse a pie de obra para evitar que haya fugas. Sabemos la casa que queremos, vamos a construirla.
Debo decir que mi casa son las personas que quiero. Si pudiera vivir de eso, lo haría. Querer. Querer de verdad y por encima de todo. Sin excusas. También tengo que admitir que la vida para los demás no es así, que esa vida quizás sólo me vale a mí. Mas que comprenderlo, lo encajo, como los golpes. Sé positivamente que soy mejor persona cuando estoy con la gente que quiero. Me motiva, me anima y me hace querer hacer más y mejores cosas. Ojalá siempre me dejaran. A cambio, prometo ser buen chico.
No quiero terminar sin dedicar una mención especial a todos los hipócritas de los cuales estoy rodeado, que preferís echaros unas risas antes que preocuparos por los demás. Mejor así. No podríais encajar la verdad.
Nos vemos.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Soltar lastre
Muy buenas.
Ayer vimos una peli interesante: "Paraíso, cuánto pesa el amor". Se trata de una pareja que se lleva fenomenal desde siempre y de repente empiezan a distanciarse sin motivo aparente y sin que ninguno de los dos haga nada al respecto, con o sin conocimiento. Al final, como siempre, cada uno hace lo que cree que tiene que hacer (acostarse cada uno con otro) y, finalmente, se dan cuenta de que lo que quieren es al otro y se juntan. Bien, no tengo precio como crítico.
El caso es que, como ya he comentado en otras ocasiones, la carrera en pareja se compone en realidad de dos carreras individuales e indisolubles a la vez, lo cual hace que llegar a buen puerto sea muchas veces más mérito de la desidia y el miedo al fracaso que de nuestros quereres.
Hay una cosa que me llama la atención, la necesidad de la gente de soltar lastre. Puedo entender que en el crecimiento personal no contemos con nadie más, porque es nuestro, de nadie más. El de los demás será distinto, con otras inquietudes y otras resoluciones distintas a las nuestras. Dicho esto, creo que se confunde la individualidad con el pisoteo. Parece que es necesario pisar al que tenemos al lado -que es el que hemos elegido nosotros- para saber y demostrar que efectivamente es nuestro camino, no el suyo.
Si sólo tuviéramos esto en cuenta no tendría sentido compartir la vida, y seguramente eso sea por lo que tantas y tantas personas deciden estar solas, porque su crecimiento es suyo. Es muy respetable. También lo es compaginar nuestro crecimiento con lo que nos rodea y parece que eso está mal visto. Es incompatible ser el número 1 en más de una cosa a la vez. Si quieres ser el mejor en algo tienes que dedicarle tanto tiempo que has de dejar en el camino cosas que querrías para ti, es inevitable.
Llegar a ser mejor (no el mejor) en cualquier cosa no puede pasar por desacreditar a otro. Lo que le quitamos no nos suma a nosotros, aunque a veces parezca que apartando gente del camino se ven las cosas más claras. No estoy de acuerdo. Me parece más satisfactorio hacer las cosas sin que nadie lo sepa y nadie se vea salpicado que hacerlo a costa de los demás. Es muy fácil pensar que todo lo que hemos o no conseguido depende de otro según nos convenga, alguien más a quien echar la culpa.
Me quedo con compartir incluso los caminos. No veo ahora mismo otra manera de compartir mi vida que no sea compartir crecimientos, de otra manera me parece desigual. Y no estoy hablando de distintos niveles de crecimiento, que los veo salvables, sino de contar con el otro para todo. Tal vez sea ilusorio o simplemente lo que deseo, pero desde luego es lo mejor por lo que luchar.
En fin, fue un final feliz, como tiene que ser.
Nos vemos.
Ayer vimos una peli interesante: "Paraíso, cuánto pesa el amor". Se trata de una pareja que se lleva fenomenal desde siempre y de repente empiezan a distanciarse sin motivo aparente y sin que ninguno de los dos haga nada al respecto, con o sin conocimiento. Al final, como siempre, cada uno hace lo que cree que tiene que hacer (acostarse cada uno con otro) y, finalmente, se dan cuenta de que lo que quieren es al otro y se juntan. Bien, no tengo precio como crítico.
El caso es que, como ya he comentado en otras ocasiones, la carrera en pareja se compone en realidad de dos carreras individuales e indisolubles a la vez, lo cual hace que llegar a buen puerto sea muchas veces más mérito de la desidia y el miedo al fracaso que de nuestros quereres.
Hay una cosa que me llama la atención, la necesidad de la gente de soltar lastre. Puedo entender que en el crecimiento personal no contemos con nadie más, porque es nuestro, de nadie más. El de los demás será distinto, con otras inquietudes y otras resoluciones distintas a las nuestras. Dicho esto, creo que se confunde la individualidad con el pisoteo. Parece que es necesario pisar al que tenemos al lado -que es el que hemos elegido nosotros- para saber y demostrar que efectivamente es nuestro camino, no el suyo.
Si sólo tuviéramos esto en cuenta no tendría sentido compartir la vida, y seguramente eso sea por lo que tantas y tantas personas deciden estar solas, porque su crecimiento es suyo. Es muy respetable. También lo es compaginar nuestro crecimiento con lo que nos rodea y parece que eso está mal visto. Es incompatible ser el número 1 en más de una cosa a la vez. Si quieres ser el mejor en algo tienes que dedicarle tanto tiempo que has de dejar en el camino cosas que querrías para ti, es inevitable.
Llegar a ser mejor (no el mejor) en cualquier cosa no puede pasar por desacreditar a otro. Lo que le quitamos no nos suma a nosotros, aunque a veces parezca que apartando gente del camino se ven las cosas más claras. No estoy de acuerdo. Me parece más satisfactorio hacer las cosas sin que nadie lo sepa y nadie se vea salpicado que hacerlo a costa de los demás. Es muy fácil pensar que todo lo que hemos o no conseguido depende de otro según nos convenga, alguien más a quien echar la culpa.
Me quedo con compartir incluso los caminos. No veo ahora mismo otra manera de compartir mi vida que no sea compartir crecimientos, de otra manera me parece desigual. Y no estoy hablando de distintos niveles de crecimiento, que los veo salvables, sino de contar con el otro para todo. Tal vez sea ilusorio o simplemente lo que deseo, pero desde luego es lo mejor por lo que luchar.
En fin, fue un final feliz, como tiene que ser.
Nos vemos.
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