martes, 14 de noviembre de 2023

My wilderness

 Muy buenas.

"Eres muy joven. No puedes avivar tu fuego interior continuamente"

Nuestro protagonista se acaba de despertar. Se quedó por la noche viendo series y el resultado son las 10 de la mañana, con el pijama pegado a las sábanas, intentando enumerar razones suficientes para sacar los pies de la cama. No se le ocurre ninguna. Finalmente ha logrado hacerlo. Desayuno copioso, charla con su mujer acerca de qué ha hecho ella (¿?), a qué hora se acostó y despertó, sensaciones nocturnas. Cual entrevistador post-partido: Valoración general de la noche. Paseos sin rumbo por la casa. Qué me pongo. Ducha de 30 minutos, afeitado. Estoy listo, cómo andas tú? Son las 13 horas, vamos al aperitivo de la plaza.

Cuando Christopher McCandless intuyó que un futuro semejante le esperaba, huyó despavorido buscando cualquier razón para vivir. Into the wild nos contó cómo este joven, perdido -como cualquiera de nosotros en algún momento- buscó respuestas en la naturaleza. La Pachamama le recibió como a cualquier otro, esto es, dándole el placer de disfrutar de sus aromas, paisajes y toda aquella energía que de ella manara y pudiera ser aprovechada. Y así lo hizo. Y así terminó. Los Dioses adulan a aquellos a quienes quieren perder.

Mi querido Nietzsche, mortificado toda su vida por sus problemas de salud, ha sido el pensador que más ha glorificado y enfatizado en el ideal de una vida exuberante, sana y fuerte, de la alegría infinita de vivir, como si el hecho de estar enfermo no fuera más que una suerte que le hubiera tocado y esto no le impidiera pensar en que lo mejor siempre está por llegar.

Y como me descubro cada día en pensamientos ya pensados, atribuidos a él por una cuestión cronológica, cuanto más difícil se ponen las cosas y más cuesta sobreponerse a ellas, más ganas tengo de sobrevivir primero, de vivir después y disfrutar la vida hasta el final, porque también existe la felicidad en la búsqueda y el anhelo.

Nietzsche insiste, querido amigo. No sé de dónde vienen estos dolores que me asaltan cada día. Sé cuando empiezan pero no cuando terminan. Tampoco consigo ponerles una duración determinada, así que no sé cuánto tiempo me queda de lucidez. He de actuar rápido. Aforismos, venid a mi. Todo lo que pueda resumir y sintetizar hará que pueda conseguir resultados inmediatos. Para ello he de saber qué quiero en mi vida, por partes.

Y vuelvo yo, con las ideas aún más claras por si el fantasma vuelve. Se amontonan las ideas en mi cabeza porque hay muchas cosas que me hacen feliz. Pero afino bien las ruedas del microscopio que enlaza el cerebro con mi estómago, dejando de lado el corazón, porque las curvas en las lentes distorsionan el resultado. Y ahí aparecen claramente las cosas que me proporcionan un bienestar inmediato, aunque temporal, pero muy fácilmente posibles de repetir. Y me pongo a ello.

Voy por las piedras dando pequeños brincos que me hacen levitar sobre la Naturaleza. El aire frío, mezclado con el sudor, hacen que respire mejor. Mi cuerpo se está refrigerando. La sensación de controlar el equilibrio ante las puntas expuestas de las rocas hace que el resto de problemas parezcan fáciles de resolver. No hay nada, ni siquiera los pensamientos más negativos, que se pueda interponer en esa simbiosis que se produce sin querer, solo por estar. Por eso hablamos de "lo natural", porque precisamente no requiere ningún esfuerzo.

Me llama lo salvaje, tanto de la naturaleza como de las personas. A la pregunta de qué quieres de otra persona, mi respuesta es lo salvaje. Como si hubiera la necesidad de salir a cazar juntos y solo se interpusiera querer hacerlo. El mundo en que nos toca vivir es solo un escenario momentáneo y nuestro tiempo irrelevante para lo que en realidad nos llena como individuos. Into the wild. My wilderness.

Todo merece la pena. Lo más trágico te lleva a querer más. Lo que más te cuesta conseguir dobla la satisfacción al lograrlo. Nada puede interponerse entre lo que quieres y lo que puedes hacer.

Ahora si puedo avivar mi fuego interior continuamente, porque de eso se trata, de no descansar. La energía es vida. Y yo tengo mucha energía.

Nos vemos

miércoles, 13 de septiembre de 2023

En el fondo

Muy buenas.

Hace un tiempo regular y la piscina nunca está limpia del todo. Pasamos con esmero y dedicación el limpiafondos pero siempre hay una fina capa de suciedad que no acaba de desaparecer. Si lo haces demasiado rápido, sube hacia la superficie y se diluye, haciendo más difícil distinguirla. Entonces pones en marcha el skimer, cuya función precisamente es limpiar "lo que primero se ve", pero cuando crees que lo has logrado, al cabo del poco tiempo, el suelo aparece de nuevo sombreado.

La mejor solución es bucear y limpiar a mano lo más profundo, para lo cual es importante estar cerca del problema. Es difícil mantenerse pegado al suelo para hacerlo, pues la presión te empuja hacia el exterior así que se necesita a alguien que te sostenga mientras contienes la respiración y terminas con las manchas más profundas. Una vez que has hecho esto, es importante depurar y depurar, porque quitar las cosas de sitio no las elimina.

Este proceso se repite una y otra vez, pues el tiempo no siempre acompaña y, aunque todos queremos tener el agua transparente, en lo más profundo siempre quedan rastros de aquello que no se va, por mucho que rasquemos. Incluso a veces te gusta más el fondo de la piscina con ese tono, porque nada es impoluto y hay que aceptar las imperfecciones. Crees que puedes vivir con ello.

La verdad es que puedes bañarte sin problemas incluso con el suelo medio sucio. No se nota tanto cuando te acostumbras. Depende del umbral de limpieza que tengas en tu vida y lo pulcro que seas, o quieras ser. Quizás querer bañarte en un agua eternamente transparente sea un trabajo que requiera un esfuerzo por tu parte que no compense tanta dedicación. Tampoco soy tan perfeccionista.

Acostumbrarme digamos, durante 1 año, a bañarme sin prestar mucha atención a las manchas más profundas, no me ha causado enfermedad grave. He podido refrescarme y sentir la energía del cambio de temperatura cada vez que lo hacía. Lavo con frecuencia las toallas y pienso que todo está en orden. Esto demuestra que, en realidad, no soy nada perfeccionista.

En este tiempo no me he bañado en otras piscinas, así que no he podido compararlas con la mía. Esto, de nuevo, me ha permitido no darle demasiada importancia al hecho de que, visto desde mi habitación, el fondo nunca termina de estar como me gustaría. Quito con regularidad los insectos de la superficie y el aspecto mejora bastante, pero hacer la operación de limpiar el fondo siempre requiere coger aire extra y alguien que me sostenga. Ninguna de las dos cosas me apetece demasiado.

Pedí ayuda externa de profesionales. Observo lo que hacen y me parece tan sencillo que no veo la necesidad de repetir. Parece que todo se resume a constancia, no dejar que la suciedad más profunda se quede ahí perenne y depurar y filtrar cada día. Fácil para alguien riguroso y perfeccionista.

Los productos que me recomendaron no me funcionan. Imagino que cada piscina y superficie son diferentes y requieren cantidades distintas, y de nuevo mucha atención. Tengo que elegir entre seguir  bañándome o tener la piscina cristalina, aunque sea con manchas en el fondo que no consigo limpiar. Pienso que es mi piscina y mi baño, así que a nadie le debe importar demasiado, a no ser que quieran hacerlo conmigo. En ese caso igual sí haré el esfuerzo de, con un cepillo de dientes, pulir cada encuentro de las paredes con el suelo, los rincones más difíciles, y así pensar que una cala salvaje y virgen ha llegado para quedarse.

Bueno, pocas cosas vírgenes quedan. Prefiero salvaje.

Nos vemos.

martes, 7 de febrero de 2023

El amor a las cosas compartidas

 Muy buenas,

"Eres un hombre a medio hacer", me dijo tras escuchar la historia resumida de mi infancia. Historia sobre mi, contada por mi. Contaba entonces con 35 años. Se supone que a esa edad uno ya debe ser un hombre hecho y derecho, con las herramientas necesarias para andar por la vida sin grandes sobresaltos y poder intervenir en cuantas tareas seamos requeridos. Eso se espera de nosotros.

Darle importancia o credibilidad a una frase así depende mucho de quien te la diga. Solemos dar como cierto aquello que nos interesa o nos cuadra en determinado momento, y que nos lo digan incluso es agradable, nos sentimos reconfortados. Si por el contrario es algo que no consideramos que se ajuste a nuestro perfil, seguramente pensemos que es solo una opinión. Sin fundamento, además, añadiremos.

Cuando Luigi Pirandello en "Uno, ninguno y cien mil" cayó en la cuenta de que su nariz no era como creía, en contra de lo que había pensado toda su vida y tras que alguien por azar le dijera cuan equivocado estaba, su mundo se puso patas arriba. Si todo el mundo -desde siempre- daba por hecho que el aspecto de su nariz era uno completamente diferente al que él mismo tenía de ella, qué pasaba con el resto de las cosas (mucho más importantes) como su personalidad, su forma de tratar a los demás, etc... Hay dos caminos: reafirmarte en tu nariz, que para eso es tuya, o abrir el abanico de posibilidades e intentar entender por qué te llamaban aguileño en el colegio.

¿Hasta qué punto es "verdad" lo que otros ven en nosotros? Si uno intenta hacer las cosas bien y el resto cree que es un desastre, ¿Cómo acercarnos a lo que realmente es? Dando por bueno a Sócrates y su "el que hace mal es porque no sabe", nadie en el mundo es malo. Entonces, ¿por qué preocuparnos por intentar ser empáticos?, ¿por qué pensar en las consecuencias de nuestros actos en los demás? y, sobre todo, ¿por qué nos sentimos mal después de pronunciar unas desagradables palabras?

Hay que ser muy osado o muy ingenuo para no preocuparse por las cosas. No digamos ya por el efecto de nuestras acciones en los demás. Trasladar pensamientos tan filosóficos al amor es aún más difícil. Rara vez alguien dice que su pareja, o sus hijos, son feos. Si preguntaran a los demás, como nuestro querido Luigi, oirían algo que no les gustaría.

35 años y me queda la mitad de hombre por construir, allá vamos.

Como dice Harari en "Sapiens", hoy en día si no viajas no eres nadie. Habría que añadir que si no lo publicas en una red social con la mejor de tus sonrisas (parece que ellas lo tienen más fácil) tampoco cuenta como "felicidad".

En el ranking de peticiones o requisitos de todas las Apps de citas figuran "Viajar", "Visitar museos", "tomar el vermú" e "ir a conciertos". Las más osadas, "senderismo" nivel iniciación. Como decía la misma persona que me consideraba "medio hombre", "de novias, todas van a la montaña".

Lo que pasa es que, sentimentalmente, no estamos tan alejados a nuestros antepasados de la Edad Media, para lo cuales la mayor felicidad era que su huerto les regalara, en una soleada mañana de primavera, unos grandes y jugosos tomates. No hay registro escrito de que en esa época añoraran visitar países vecinos (salvo para conquistarlos).

Es llamativo que todos esos requisitos ocupen el 10% de nuestro tiempo. Parece que el 90% restante (casi nada) solo sirviera para prepararnos y disfrutarlo a tope cuando llegue el momento. Me parece demasiado tiempo. Me parece demasiado esperar. Me parece demasiada expectativa, con toda la frustración que conlleva cuando no responde a lo que esperábamos. Y, lamentablemente, casi siempre es así.

Si tengo que construir mi "medio yo", mi propósito es hacerlo sobre el resto de las cosas. Aquellas que llevan más tiempo, como desayunar y cenar cada día, pasar la noche -con todo lo que eso conlleva- y preparar, esta vez si, todas aquellas cosas que nos apetezcan hacer juntos. Y no como algo excepcional, sino como el amor a las cosas compartidas. Porque quieres, porque quiere, porque queréis.

En realidad, no creo que consiga ser un hombre 100% completo. La ilusión que me aborda cada día es muy de niño, y no me la sacudo (ni creo querer hacerlo). Tampoco esto es una carrera con un final feliz -¡la muerte!- sino más bien una lucha de supervivencia disfrutando el paisaje y la compañía. Si es con tu bidelagun, mucho mejor.

Nos vemos