sábado, 21 de diciembre de 2013

El monstruo rompematrimonios

Muy buenas.

Llega el frío invierno y como cada año, vuelven las historias de monstruos infames. Afortunadamente, en estas fechas, casi todas tienen un final feliz (En Enero ya veremos!!)

Pues bien, cuenta la leyenda que un terrible monstruo vive cerca de las montañas. Vive sólo con sus cachorros porque dicen que son los únicos que son capaces de soportarle, aunque otra mucha gente se pregunta cómo puede un monstruo querer compartir su vida con alguien..., pero en fin, esa es otra historia.

Como todos los monstruos que se precien, este actúa sólo (es curioso que así nadie pueda verificarlo...) y no tiene la más mínima piedad de sus víctimas. Cuentan que ha estado tomando café y dando largos paseos, y que siempre que puede aprovecha para preguntar qué tal están. Una vez, según dicen, incluso quiso acompañar a alguna a denunciar cosas horripilantes... Los monstruos nos son lo que eran.

Lo que sí sabemos es que es arisco, muy serio, casi podríamos decir que una persona intimidatoria. Muchos se preguntan de dónde sacarán tanto amor y cariño los que le rodean y, sobre todo, cómo no se le pega algo. Ya sabéis cómo son los monstruos, cabezones. Son tan monstruosos que no quieren que nadie se acerque para que no se les pegue nada. Pero, un momento, si no quieren que nadie se les acerque, cómo es posible que pasee con sus víctimas? No puede ser, alguna razón habrá. Culpable de todos modos.

Qué viene el monstruo! Las mujeres se echan a temblar. No, perdón, los hombres se echan a temblar. Algunos han llegado a decir que es capaz de estarse horas hablando de la vida y luego las deja escapar, así, sin más. Al final es lo peor. Tantas horas y tantas conversaciones les llena la mente de ideas raras que luego no saben procesar bien. Algo malo hay en el intercambio de tantos pensamientos. Algo que los hombres no pueden controlar (culpa del monstruo, no vayas tú a creer!).

Cuentan los más antiguos, que son los que más saben, que un día fue hombre como los demás, pero que quedó defraudado con su especie. No podía soportar la idea de convertirse en lo que él consideraba monstruos, así que, sin quererlo y sin darse cuenta, fue abandonando ese estado para pasar al actual, ladrón de confesiones inconfesables y no se sabe de cuántos delitos más.

Una vez un aldeano, no se sabe si por atrevimiento o prenda, le preguntó por qué insistía en estar sólo si lo que le gustaba era estar rodeado de gente e interesarse por las personas. Le dijo que era mejor estar sólo sabiéndolo que sin saberlo. Al parecer hay muchas (personas) que no, que prefieren estar sólas acompañadas. A estas no podremos considerarlas monstruos, aunque fueran un pequeños monstruitos hipócritas.

Pero bueno, ya se sabe que en realidad todos los monstruos, como los depredadores, huyen de los humanos. Quien no hace por encontrárselos no se los encuentra. Y esto es bien fácil. Uno sigue con su vida sin pensar mucho en lo que ha pasado o puede pasar, sabiendo que sí, que hay monstruos, pero que la culpa de lo que pase no es de uno y así no hará falta pensar el motivo de quien los busca.

Nos vemos
Grrrrrrrr

lunes, 28 de octubre de 2013

Sufridas mujeres

Muy buenas.

Esto de alternar trabajo con labores domésticas me está dando una nueva visión del manido término "conciliar vida familiar con vida laboral". Naturalmente, es imposible o a mí me lo parece, que una sola persona sea capaz de tener un horario más o menos normal con el horario de los colegios, a pesar de las extraescolares, aunque les lleves a los primeros de la clase (7:00) y les recojas de los últimos de la clase (no sé qué hora será pero estoy seguro que el niño está muerto).

Normalmente se toma la determinación de que uno de los dos sea el que trabaje -se refieren a una oficina con horario y eso- y el otro no trabaje -se refieren a ocuparse de los niños desde que se levantan hasta que se acuestan, y si te apañas te buscas un trabajito que sirva para "complementar" la unidad familiar y así te distraes-, más o menos.

Voy a decir que me parece bien. Visto así y como está la situación, pocas soluciones hay mejores que esta. Sólo añadiría una cosa, cuando uno/a termina su jornada laboral, se integra en la jornada familiar, por así decirlo.

Claro que, ¡cómo voy a incorporarme a la jornada familiar, con lo cansado que estoy de mi jornada laboral! ¡Con lo que hay que invertir en la formación de uno mismo y las horas y el esfuerzo que eso me lleva! Y las pobres mujeres, perdón como siempre por generalizar (conozco casos al revés), no tienen más remedio que entenderlo, respetarlo y, si llega el momento, defenderlo.

Los papeles de los hombres y las mujeres a lo largo de la historia han ido cambiando. No estamos en la Edad Media, ni tan siquiera en la época en la que nuestros padres tenían nuestra edad. Estamos en una época en que cualquier esfuerzo, sea retribuido o no, debe agradecerse. Porque hoy en día todo el mundo está más que preparado para hacerse un hueco si sólo tiene que contar con uno mismo, sin pensar en los demás. Sin pensar en los deberes o en las cenas. Así que si uno decide compartir su vida, no debería sólo ser el dinero que gana, sino el agradecimiento NO TÁCITO de lo que sostiene su vida, por lo general, las mujeres.

Pero ellas son víctimas, perdón de nuevo. Refugiadas en lo que tiene que ser y sin pensar en lo que podría ser. Si lo pensaran, igual se animaban a hacer algo, pero ¡quién quiere eso! Yo sólo pido un poco de cariño y respeto. Parece que es una cosa muy normal, incluso que eso se diera por descontado, pero no es así. Lo normal es que la carrera profesional esté muy por encima de cualquier otra carrera. Respeto mucho el trabajo que cuesta labrarse un futuro, pero siempre está la opción de que sea tu futuro, no el de los demás. Para que tú tengas un futuro, no tiene que haber alguien que renuncie a él.

Y luego el acuerdo no es tal, no nos engañemos. Estar 10 o 12 horas sin el contacto con tu pareja y tus hijos es un desgaste que se acaba pagando. Me diréis que así está la vida, que no queda otro remedio..., bueno, qué se le va a hacer. Hace poco estuve en una cena con algunos conocidos y la organizadora me preguntó por qué no estaba con los hombres, que charlaban de sus cosas. Le dije que no me hacía falta estar para saber de lo que hablaban. Presumimos de lo que trabajamos (incluso de las horas que trabajamos!) y lo que ganamos. Y yo me pregunto, ¿no será mejor trabajar menos y ganar más? Eso sí sería algo de lo que presumir, no? Porque estar fuera de casa más de media vida para conseguir algo tampoco es para presumir mucho, no?

Sufridas mujeres, hay muchos maridos que alargan su vida laboral por no llegar a casa. Es así.
Queridos hombres, las mujeres que alargan su jornada laboral, tampoco quieren tener hijos con vosotros, al menos de momento.

Me gustaría que, cuando escribo algo, todo el mundo diera por sentado que es sólo mi opinión, no que sea un dogma de fe. Igual que yo no llamo a nadie para decirle lo que debe o no hacer, espero que se respete mi idea de cómo se deben hacer las cosas. Sí, ya sé, cada uno cree que debe hacerlas de una manera y no todo está bien o mal... Bueno, a mí me pone de muy mala leche ver a mujeres tristes que se reinventan cada día para seguir y sus maridos siguen a lo mismo. Los tiempos han cambiado, y más que cambiarán, así que me parece necesario un esfuerzo por entenderlo.

Nos vemos.

viernes, 30 de agosto de 2013

Los becarios

Muy buenas.

Anoche estuve viendo la película "Los becarios", muy entretenida. No sé si os pasa a vosotros, pero a mí cada película, o cada libro, me deja alguna cosa muy aplicable a mi persona o a la situación que vivo en ese momento. La película trata de dos tipos que han trabajado toda su vida sin mayor pretensión que esa: trabajar y vivir, sin grandes alardes. En un momento determinado su Empresa cierra y tienen que buscarse la vida, por lo que deciden apuntar alto y se postulan para trabajar en Google. Naturalmente son los becarios más viejos del lugar, y de eso trata la película, de qué pueden aportar dos personas que no cuadran exactamente en el sector y el tramo de edad que supuestamente es el idóneo para ese trabajo o la vida.

Hace no mucho tiempo, alguien que he considerado lo más cercano a mí, me dijo que quién iba a querer a una persona con 3 hijos, que era una putada. Se supone que todo está establecido para que te cases entre unas determinadas edades, tengas hijos en otras, coches, casas, etc. Pasa igual con el quehacer diario: trabajas-quedas después de trabajar, trabajas-cuidas hijos después de trabajar, te vas de vacaciones con amigos, te vas de vacaciones con tus hijos, te vas de vacaciones con tus amigos y los hijos de ambos, etc. Creo que más o menos es así, no? Ni que decir tiene que los que se van de vacaciones con su familia echan de menos a los amigos y los amigos se preguntan cuándo tendrán una familia...

Pues bien, se presenta una nueva generación de Becarios de la vida. Un montón de personas que ya no van a seguir las "normas" habituales y tendrán que hacer nuevos planes cada día. Es mucha gente para despreciarla, nunca se sabe. Mucha gente con muchas cosas detrás, que le ha tocado -haya querido o no- vivirlas de una manera muy intensa. Nos atrincheramos en nuestro perímetro de seguridad conocido pensando que ahí nada nos pasará, que lo que tenemos -sea lo que queremos o no- nos protegerá de cualquier atentado. Error. Todo fluye.

El juzgador juzgado. Yo, que siempre he sido acusado de juzgar (imagino que con razón), ya he sido juzgado, y sentenciado! Eso está bien, lo anoto para la próxima. Pero voy a encabezar esta nueva generación. Lo voy a hacer porque puedo ponerme cara a cara con la mayoría "normalizada" y rebatir cualquier acusación. Igual hay más culpables sin sentencia que están en su círculo para no pasar a formar parte de tan denostada nueva generación, y eso que acaba de empezar.

Cabeza arriba, cogemos aire, nos tranquilizamos y pensamos en lo que queremos. Todo está bien. A ver quién es el guapo normalizado que se atreve a compararse con toda esa gente (al menos la que yo conozco, y ahora es mucha) que tiene nuevas situaciones.

Hay que seguir.

Nos vemos.

martes, 11 de junio de 2013

Dos mil euros el centímetro

Muy buenas.

El otro día escuché una noticia en la radio que me hizo bastante gracia. Al parecer, se ha visto incrementado considerablemente el número de operaciones de alargamiento de pene en los últimos años, siendo el precio medio del centímetro unos dos mil euros.

Bueno, no sé si esto valdría para hacernos una "tasación" particular, como los futbolistas que aseguran sus piernas... Imagino que, al igual que en esos casos, hay más factores que influyen en el resultado final: rendimiento, eficacia, etc., y que luego esa tasación se podría llevar a algún sitio, no?, como demostración de ciertas garantías y compromiso de cumplimiento. Bueno, es algo que se me ha ocurrido. Dicen que en tiempos de crisis los únicos negocios que prosperan son los que están basados en la imaginación, pues ahí va uno, el primer banco de tasaciones y avales genitales.

No es algo para tomárselo a risa. En realidad, todas estas operaciones vienen dadas por lo que se conoce como el Síndrome del vestuario (nosotros sabemos de qué hablamos, vosotras?). Si tiene un nombre y es un síndrome, es algo serio. He tenido la suerte de vivir dos generaciones en deportes de equipo, primero como jugador y más tarde como jugador que se resiste a dejarlo y entrenador. Si tuviera que decir cuándo me di cuenta que no estaba en el lugar adecuado -o debería decir el tiempo adecuado- fue al acceder a los nuevos vestuarios.

Por lo general, los vestuarios de hoy en día son bastante modernos, tipo jacuzzi o baño turco, con grifos y duchas de diseño que da miedo manchar. Hay muchos espejos, incluso en alguno he visto secador de pelo. Secador de pelo, señores, en un vestuario masculino. Según entras, una fila de bancos corridos donde cada jugador tiene su sitio habitual como pequeño santuario, igualito que los profesionales, de eso no hay duda. En las taquillas de cada uno o su bolsa particular, no faltan las cremas corporales, gomina y colonia de marca (En el fútbol no hay lugar para Mercadona) y todo utensilio necesario para el cuidado personal.

Los vestuarios de antes consistían en bancos de madera podrida y una tubería con agujeros que suministraba las gotas de agua (fría) que necesitabas para enjabonarte. Sin más. Todo tipo de útiles de limpieza de botas y recambios de tacos, petos sucios, un calentador estropeado y toda clase de ropa olvidada de las 20 temporadas anteriores que el utillero -previo pago de un botellín- te dejaba utilizar para el entrenamiento del día.

Pues bien, el Síndrome del vestuario consiste básicamente en la comparación en el momento de ir a la ducha. Antes esto era bastante gracioso, alguno te daba una toba en la cola, te metía un palo por el culo o te hacía la gracia 3, la de echarte champú una vez que estabas secándote... Todo muy sano. Ahora es, como decirlo, un poco inquietante. El único camino a las duchas está lleno de espejos. Espejos donde cada uno, según pasa, mira de refilón, sacando todos los abdominales que no sabías que existían! y se detienen un momento, algún pelo se ha movido, algo no está bien. Pero bueno, muchacho, si vas a la ducha, qué importan los pelos!

Y ahora os diré cuál es el momento de la retirada. Ese momento es cuando te diriges a la ducha y, haciendo uso del síndrome, te das cuenta de que no es tan grande como creías (mejor eso que no decir más pequeña que las demás). Pero, un momento, no puede ser, esto no puede cambiar de repente en una generación. Joder. Ahora lo veo claro: eres el único que no vas rasurado. Y cuando digo rasurado quiero decir bien rasurado, no como antes que llegabas al fisio y te hacía una escabechina. Quiero decir que las conversaciones giran entorno a qué maquinilla y cremas usar. Por favor, un poco de respeto.

Según el estudio, la longitud media del pene caucásico (como tú y yo, decía el investigador) está entre 10 y 12 cm, por debajo de lo cual se considera pequeño. Con esto, de momento, no hacemos negocio en tasaciones: ellas esperan algo más. Aquí es donde han estado listas las nuevas generaciones, dando un plus de cremitas y rasuramientos a algo que es lo que es!

En fin, yo soy caucásico, sí, como los demás, pero mi madre es cordobesa. Esto es, medio árabe. Vamos, que no exageraríamos al decir que soy africano...

Nos vemos.

jueves, 30 de mayo de 2013

Sobre los apoyos vanos

Muy buenas.

Una palabras con bilis, pero bueno...

Ayer volví a ver en TV, como supongo que la mayoría de vosotros, una esperpéntica escena sobre la violencia de género, o sobre los "amores que matan", que es como se ha dicho toda la vida y es mucho más preciso.

Lo que ha tenido de diferente esta vez es que a quien han matado es a alguien que defendía a la maltratada. Mejor callarse. O no. Yo creo que no. Desde hace un tiempo vengo pensando que el apoyo entre las mujeres no es tal. Entiendo que una mujer, cuando necesita un hombro en el que desahogarse, busca sólo eso, llorar, no que los machos alfa le solucionemos la vida, pero tampoco encuentro razón alguna para justificar ciertas actuaciones.

Si tenemos que establecer una medida para valorar si es grave o no lo que nos pasa, creo que estaremos muy de acuerdo que lo fundamental son los hechos, las cosas que realmente pasan. Las interpretaciones de esto o las reacciones son precisamente eso, consecuencias de lo que ha pasado. Aquí veo muy necesario aclarar una cosa importante: que alguien cuente lo que ha pasado no debe nublar que realmente ha pasado. Podrías estar muy defraudado con esa persona por haber traicionado tu confianza y guardar tal o cual secreto, pero lo que ha pasado es real, nada tiene que ver con que la persona lo cuente.

El hecho de que una mujer tolere y relativice que a otra mujer se le esté insultando, amenazando, etc., hace mucho más difícil que éstas tomen conciencia de la gravedad del asunto. Sé que la mayoría pensaréis que no es para tanto, que hay cosas que se dicen en acaloradas discusiones y que no tienen más importancia que lo que representan en ese momento. No estoy de acuerdo. Creo que ninguna persona se merece ser insultada, cuando menos, bajo ninguna circunstancia, y mucho menos si es la persona que comparte tu vida. Todo empieza con algo...

También me gustaría saber, y sé que es difícil, cuándo una mujer se da cuenta de que no puede seguir así. Puede esto darse mucho antes de la primera bofetada? Hay un momento en el que dices "no merezco esto"? Sé que no todo el mundo tiene las armas para enfrentarse a un simple insulto, seguramente no sea ni una amenaza para ellos, y que muchas veces hay que buscar esa ayuda fuera. Aquí es donde veo el mayor problema, en la relativización de todo. Como dicen las rusas, verdad, tu marido bebe y no está en casa, pero no te pega, qué más quieres?

Pues yo quiero que aceptemos que no estamos en la Edad Media. Que las cosas no se solucionan a golpes y que las personas no son propiedad de nadie. Las mujeres, con lo listas que son, están ancladas en esto. No lo entiendo, lo siento.

Y la prueba de todo esto no son mis simples palabras, sino lo que vemos día a día. Convivir con alguien que sabes ha pegado a una mujer, alguien puede explicarme un sólo motivo para hacer esto? Alguien puede darme alguna razón para no retirar la palabra a esa persona? Y las mujeres las primeras. Las amigas de las mujeres, las segundas. Y todos los demás los siguientes, sin excepción.

Y a todos ellos, valientes donde los haya, decirles que todos tenemos un juicio, y que no duden que el suyo, como el mío, llegará.

Por cierto, y para tranquilidad de todos los que me conocen, no escribo esto por nadie excesivamente cercano a mí.

Nos vemos.

martes, 30 de abril de 2013

Y si al final...

Muy buenas.

Pues aquí estamos, analizando "momentos de enamorados", como no podía ser de otra manera...

Hoy he presenciado una conversación de dos personas de avanzada edad sobre política. Ambos defendían que había gente válida e incompetente en ambos lados (derechas e izquierdas??) y me he preguntado cuándo se llega a ese convencimiento, cuándo se tranquiliza uno con sus ideas y decide que todo es más relativo. Pues bien, algo parecido pasa con los enamorados. Imagino que os suena:

- Te quiero
- Pues yo a ti más
- Eso no puede ser
- Por qué?

Aquí hay también una variedad de respuestas con un sólo punto en común, que es la seguridad de quien lo dice:

- Porque yo lo he dicho primero
- Porque yo soy más grande
- Porque hoy he ido a la peluquería
- Porque sí, porque esas cosas se saben (?)

Y ese es el momento de apuntar un poco más alto, con más distancia:

- Y, nunca dejarás de quererme, verdad?
- No, por qué iba a dejar de quererte, si TE QUIERO!
- Ya, pero luego pasan cosas...
- Qué cosas!!! Acaso vas a hacer algo para que no te quiera? O quieres decir que, queriéndote, de repente voy a dejar de hacerlo?

Pues sí, soy un viejo joven. O tal vez un eterno viejo joven, quien sabe. Y si al final es verdad que nos queremos? Y si al final es verdad que dos personas que se dicen la verdad, tienen el premio de la compañía? De la compañía? Se resume todo a estar juntos, es eso? No, no lo creo. Y si al final fuera cierto que el amor llama al amor, que todo se multiplica?

Si, ya sé que "al final" casi todo sale mal, que la gente se desilusiona. Bueno, todo es relativo, hay cosas que salen bien y otras que salen mal. Y si al final sale bien lo que planeas con todas tus ganas? Y si al final hay gente muy buena por el mundo que quiere encontrar alguien para compartir su vida?

El único problema es el amor verdadero. Nadie lo quiere. Ellas no quieren la verdad y yo no puedo con las mentiras. Mala combinación, sobre todo para mí. Aquí me quedo con todo mi amor.

Sí, otra vez sí, ya sé que diréis que quién soy yo para juzgar el amor, verdadero o no. Pues simplemente soy alguien que se ha interesado por la vida de los demás, y también de la mía, no creáis, y las actitudes de unos y otros. Y busco el amor verdadero, porque existe, lo sé, lo he tenido, aunque ella no quiera, ahí está.

Y si al final resulta que sí, que es posible? Y si resulta que todo es mucho más sencillo? No merece la pena todo por encontrar esa complicidad, ese cariño que todo lo cura y ese "verse" y "darse cuenta" de la presencia del otro, aunque no esté?

Hace tiempo que no escribía, y fundamentalmente lo he hecho para decir una cosa: Está claro que no sé querer, pero al menos me preocupo en preguntar cómo podría hacerlo mejor. Eso está bien, no? Respetar lo que quiere la otra persona sin imponer nada.

Sinceramente, no creo que haya una persona igual pero, de qué me vale ahora?

Y si al final...

Nos vemos.