lunes, 28 de diciembre de 2020

El amor cuántico

"El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe". El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El Amor revela y desvela. por amor se vive y muere. El Amor es Dios, y Dios es el Amor".

Albert Einstein


Muy buenas,

Es difícil no estar de acuerdo con nuestro querido Albert. Más difícil es entender cómo estos alemanes, grandotes y sin sentimientos todos, han llegado a tener un interés y conocimiento del amor mucho más afinado que el resto del mundo. Desde el impresionante Thomas Mann, pasando por Nietzshe y llegando al mismísimo Einstein!! Creo que es porque no se pararon a recrearse en él, como nosotros, que no necesitamos explicaciones para disfrutar las cosas. Las tenemos, bien, cómo han llegado a nosotros? no importa. El frío les forja el carácter y deciden que si algo es tan grande y hace tanto bien, por qué no van a conseguir una explicación que les permita repetirlo cuando lo necesiten.

Es aquí donde entra la física cuántica. El mundo puede ser y no ser a la vez. El amor igual.

Existe una teoría en física cuántica que podría explicar por qué estamos conectados cósmicamente con otros, aún estando separados de ellos. Este vínculo o "enredo cuántico, como lo llaman, se trata de la conexión entre partículas subatómicas que no comparten el mismo espacio, pero que han estado en contacto en algún momento. Que esto se produzca sólo tiene una explicación: la posibilidad de pensar en un mundo interconectado más allá del espacio-tiempo.

Si tenemos que admitir entonces que el amor puede ser o no ser, estar o no estar, a la vez, ni siquiera en el mismo espacio-tiempo!! tendremos la explicación a todos nuestros desvelos. Lo que para uno es amor, el otro ni lo ve. Donde para uno es darlo todo y no sentirse reconocido en su esfuerzo -como si fuera necesario esforzarse-, la otra persona ve poca implicación y desigualdad de cargas.

Admitido que el amor no depende de nosotros -sería imposible ya que puede ser o no ser- nos preguntamos qué hacer al respecto. ¿Todo es destino? ¿Da igual lo que hagamos porque ya se sabe lo que pasará y además no estará en nuestras manos? Y lo más importante, ¿qué hacemos al respecto?

Podríamos pensar, de entrada, que el amor es. Existe, es tangible y nos da la oportunidad de hacer cosas, de contribuir. Poner todo de nuestra parte para que mejore, crezca y no decaiga. Como es así, podríamos medirlo y eso nos volvería a la casilla de salida: ¿aportamos todos lo mismo? De ser así, todo sería estable, equilibrado, y todos sabemos que no lo es. Jamás.

Supongamos ahora que el amor no es. Sólo es una posibilidad (de partículas subatómicas!!!) cuyo proceso está totalmente fuera de nuestro alcance. Hacemos bien los latinos entonces en sólo disfrutar de la vida, ya que su comprensión no está a nuestro alcance. Disfrutemos pues de Espronceda. Esta opción, en realidad, nos viene bien. El resultado final no depende de nuestros actos. Somos libres de maniobrar sin el veredicto del juicio final. Nada es culpa de nadie, debía ser así y así sucedió.

Y nos queda aún la mejor opción! El amor es y no es a la vez, en el mismo espacio o no, y no siempre al mismo tiempo...

Podemos querer con todo lo que tenemos y no ser suficiente. Nos pueden querer con todo y no darnos cuenta. De hecho, podemos estar siendo queridos ahora mismo y no saberlo. O lo que es peor, podemos estar siendo no queridos y tampoco saberlo.

Aquí y ahora. El futuro no existe, el pasado menos. Nada que esperar, todo por dar. No quiero estar enamorado en la distancia, ni siquiera en dos calles más arriba o abajo, mucho menos a través de un wsp. Si todo está por descubrir, que sea o no sea amor, prefiero que sea con roce.

Feliz año a todos.

Nos vemos


viernes, 8 de mayo de 2020

El afinador del amor

Muy buenas,

Dadas las actuales circunstancias, y oteando el futuro incierto que se cierne sobre nosotros, me he puesto a pensar qué podría hacer uno en un futuro sin depender de empresas que te contraten y valiéndose únicamente de los conocimientos personales. En su día, ya publicado en este blog con éxito de crítica y público, (https://unnivelsuperior.blogspot.com/2010/12/psicolog%C3%ADa-morfol%C3%B3gica.html) hablé sobre la posibilidad de convertirme, en mi afán por explorar mis escasas cualidades, en psicólogo morfológico. Para los que no lo recuerden, se trataba de encauzar tu vida amorosa básicamente por tu morfología, sin depender de tu personalidad. Naturalmente nunca llegué a ejercer, no por ganas, sino porque no encontré la pandemia adecuada que hiciera decidirme.

Michael Tyburski y Ben Nabors han escrito un fantástico guión para la película The Sound of Silence, muy bien interpretada por Peter Sarsgaard  y Rashida Jones. El argumento de la película gira entorno a un "afinador" o "sintonizador" de casas, que calibra el sonido de los hogares para ver tu estado de ánimo. El bueno de Peter ha dedicado su vida a buscar una explicación razonable y científica que nos de respuesta a aquello que no podemos controlar, nuestro estado de ánimo, que siempre lo achacamos a elementos exteriores.

Hay algo que me parece mágico de estas cosas, y es que la gente te llama. No es que pongas un anuncio y seas correspondido, sino que alguien a quien le hiciste bien te ha recomendado a otra persona. Esto da mucha confianza en que tu trabajo ha funcionado y sientes que puedes ayudar. El procedimiento es el siguiente: nuestro protagonista acude a tu casa -bajo petición, ya lo hemos dicho- y te pide que hagas las cosas que sueles hacer, desde sentarte en tu sofá o acostarte en la cama en la posición que sueles dormir hasta encender el tostador y la TV al mismo tiempo. Todo rutina. Entonces, a través del estudio de las ondas de sonido, descubre por qué duermes mal, por qué no te relacionas bien con tu pareja o por qué llevas un tiempo sin dar los buenos días al portero.

No está mal, ¿verdad? Imaginaos que alguien puede ayudaros de esa forma. Va a tu casa, enciende el tostador, prende la luz del baño y tras 2 minutos de oír las ondas de tu microondas te dice que esa mujer no es para ti, que se lo ha dicho el horno. O que el sonido de tu voz al responder (¡oh, dichosas respuestas!) no está en sintonía con el ruido de tus pies al pisar la moqueta. Al parecer las frecuencias rigen nuestra existencia y estar mal sintonizado puede hacer de tu vida una odisea amorosa. Entonces te da los pertinentes consejos e indicaciones que deberás llevar a cabo para solucionarlo. En la peli, nada del otro mundo, cambiar la marca de tostador porque ese modelo concreto salió con frecuencias altas.

Ante esta maravilla de oficio, ya sé que todos los estáis pensando, todos nos preguntamos por qué no tenemos un afinador de amor en casa. Normal, pero aquí viene quizá lo más interesante. Nuestro estimado Peter, en su afán por comprender el mundo de las sintonías olvida la suya propia. En realidad no es que la olvide, es que no la tiene. Y ese no es el mayor problema. Dedicando tu vida al estudio de algo para ayudar a los demás eres capaz de lastimarte a ti mismo.

La buena de Rashida le pone finalmente en su sitio. Está bien, Peter, sabrás mucho de sintonías y frecuencias, pero mírate el ombligo.

TURN OFF y disfruta, que la vida son dos días.

Nos vemos.


domingo, 29 de marzo de 2020

¿Y si morimos todos?

Muy buenas.

¿Y si finalmente morimos todos?

¿Y si resulta que todo esto se complica aún más?
¿Y si dejas de trabajar porque no piensas pagar más hipoteca porque sabes que no vendrán a por ti?
¿Y si nos prohíben ir a comprar y tenemos que abastecernos mediante drones?
¿Y si empiezas a temer hasta tu vecino y ya no le saludas por si las palabras contagiasen?
¿Y si tuvieras que hacer memoria para saber cuándo fue la última imagen en vivo que tienes de tus padres o de tus seres queridos?
¿Y si poco a poco dejaras de hacer videollamadas porque ya no hay nada que decir?
¿Y si cada día, y esta vez sí, empezáramos a tener escasez de comida?
¿Y si no tuvieras WIFI?
¿Y si aquel día que corriste fue el último y además, sabes que lo será?
¿Y si ya no pudieras visitar todos aquellos sitios que tenías planeados?
¿Y si ya no hablaras con toda esa gente a la cual te quedan cosas por decir?
¿Y si supieras que no volverás a besar, a hacer el amor ni a ver a la persona que quieres?
¿Y qué pasa con la orgía que siempre estaba pendiente?

Porque el hombre nunca podría volar
Porque nunca llegaríamos a la luna
Porque hablar y verse a miles de kilómetros era una odisea
Porque si eras mujer pelirroja te quemaban por bruja!!
Porque las personas del mismo sexo no podrían estar juntas
Porque la Iglesia siempre tendría el poder
Porque se pudo vivir en Vallecas y mudarse a un chalet en la sierra... como yo!!!
Porque las hipotecas se terminan pagando
Porque aquel amigo joven y sano que teníamos murió sin poder hacer nada
Porque cada cosa que das como segura no vale nada
Porque cada cosa que dejaste sin hacer no volverá
Porque cada minuto perdido en una discusión es 1 hora menos de vida

Así que

Arriba esos ánimos, la esperanza es lo último que se pierde
Canta, ríe, corre, baila, folla, escribe y, sobre todo, no pierdas el tiempo

Si la muerte nos persigue, tendremos que ser más rápidos.

¿Y tú, qué tienes pensado hacer si no mueres?

Nos vemos

miércoles, 12 de febrero de 2020

Ser un tipo feliz no está de moda: David Gistau


Muy buenas.

Suele uno equivocarse cuando alguien a quien no conoces te cae bien o mal. “Este tiene que ser un tío cojonudo” o “me da mala espina” son todos los argumentos que encontrarás. No parece lo más fiable pero, puestos a ser prácticos y como a muchos de ellos no conocerás jamás, lo normal es que tu prejuicio prevalezca.

Llevo 3 días con una sensación mala, no triste, pero sí de incomodidad. La razón no es otra que el fallecimiento de David Gistau, a quien por supuesto no conocía. Desde que empezó me gustaba leerle, cómo no, y eso no tiene nada de especial porque objetivamente lo hacía bien. Mi vínculo personal con él era (es) más bien de empatía: si yo hubiera escrito (hubiera podido escribir), mis palabras serían las suyas, o casi, porque no me atrae nada el boxeo.

Nos gusta imaginar que podríamos ser nuestros héroes. Yo era Fernando Martín de pequeño. No es que fuera mi favorito, que lo era, sino que al verle a él me imaginaba yo mismo haciendo las mismas cosas. No fui Perico, por mi carácter, y sí Indurain, aunque me gustara más el segoviano. Fui Sampras y no Nadal, aunque le idolatre. Fui siempre Bogdan Wenta, aquel maravilloso central del Bidasoa que el Barcelona nos robó, sin necesidad, para debilitar a un “rival”. Y, desde luego, ya que no pude ser Herman Hesse ni Thomas Mann, fui David Gistau.

Y al morir -como antes no me preocupé de ello ya que tenía mis prejuicios, en este caso positivos, porque era yo mismo escribiendo- he descubierto cómo era, al menos a la vista de la gente que sí le conocía. Y sí, esta vez acerté, era otra vez alguien muy parecido a mí. O eso me gustará creer…

Yo sí me sentí padre mucho antes de serlo. De hecho lo fui siempre, imagino que desde el momento en que el mío dejó de ejercer.  Y quise ser así. Quise vivir la vida que tengo. La planeé y la tuve. Quise ser feliz de un modo tradicional, aunque no estuviera de moda. Cuando toda tu vida ha girado en torno a crear una familia, crecer juntos, ser lo suficientemente bueno para cumplir cada una de las expectativas que tus hijos tengan en el futuro, no claudicar, no dudar, ser la mejor persona posible, de repente y sin aviso, como debe ser, te encuentras postrado en la cama de un hospital. Unos mueren sin poder terminar lo que empezaron (o sí, quien sabe) y otros quedamos.

No es fácil decidir qué vas a hacer con tus hijos pensando que vas a morir, que puedes morir. Sólo existe el consuelo de que eres tú y no ellos. Que lo pasarán mal, pero se quedarán. El que te vas eres tú. Te quedarás a solas con tu conciencia y se encargará de ponerte en tu sitio.

 “La felicidad está en la sala de espera de la felicidad”, dijo Punset. El camino es lo que cuenta. Estoy seguro que en su afán de que todo estuviera bien fue feliz. No puede ser de otra manera cuando tu felicidad es la de ver felices a los demás. Así que, aprovechando la bola extra, si no lo conseguí antes, toda mi energía para los demás. Y tengo de sobra! Ahí vamos, hasta el final.

Nos vemos