miércoles, 1 de enero de 2025

Aprender a querer menos: las no-novias

Muy buenas. Y Feliz año!

Empieza el año y me encuentro con un post en Linkedin, en principio una red nada personal, un claro alegato a la pareja. O mejor dicho, una defensa en toda regla.

https://www.linkedin.com/posts/rocio-fernandez-duran_quiero-y-necesito-compartir-mi-vida-con-mi-activity-7280161755647873027-x-6M?utm_source=share&utm_medium=member_desktop

Y cuando hay una defensa es porque se ha recibido un ataque. Llevo tiempo tratando de descifrar las nuevas claves en las relaciones pareja, donde se mezclan, en mi caso, la edad, las tan manidas circunstancias (que para todo valen) y las nuevas necesidades de lo que DEBERIA ser.

Aprender a ser feliz solo es una carrera que se lleva fraguando años. La necesidad de no estar pendiente de nadie y que nadie esté pendiente de ti es el imperativo común hoy en día. Todo se basa, con razón, en la premisa de que nuestra felicidad no puede depender de nadie que no seamos nosotros mismos, algo en lo que estoy absolutamente de acuerdo. El problema llega en el añadido, cuando se otorga la necesidad de esa soledad al encuentro de la dicha y saca de la ecuación, por incapacidad, a otra persona.

El resumen es: "primero has de ser feliz tú solo y entonces podrás ser feliz con otro", porque hasta que no encuentres tu propia felicidad no podrás dársela a nadie más, ni compartirla, por supuesto.

Entiendo, y estoy de acuerdo, en que uno ha de estar bien para construir cualquier tipo de relación. No somos curanderos ni tenemos herramientas para estar constantemente tirando de otra persona porque en ese momento no alcance, aunque en realidad toda relación se basa en dar. Nadie nos lo pide. Es algo que hacemos por nuestra voluntad.

"Solo tenemos lo bueno de las relaciones", escucho constantemente. "Nos vemos sólo cuando queremos algo y luego cada uno va por su lado". Esto, al parecer, evita las cosas feas de la pareja. No hay necesidad de aguantar ronquidos, caras sin maquillar, tapas bajadas del váter, pelos por todos sitios, conceptos diametralmente alejados de limpieza básica, pies en la mesa el salón, lavar la ropa del otro, compartir baño, espacio para lavarse los dientes, cómo hacer la cama (porque cada una de nuestras madres las hacía de una manera), obligatoriedad de compartir comidas familiares, cumpleaños, amigos del trabajo, el espacio de cada uno (Mi tesoro, como diría Gollum), tener que ver la cara de los ex, de los hijos, de los ex-suegros, que te lleves bien con tu ex-cuñad@, ver las canas antes de pasar por peluquería, depilaciones, lados de la cama... podría seguir hasta completar una lista infinita de lo que es una vida.

No, no estoy hablando de gente con la que te acuestas de vez en cuando y cada uno tiene, efectivamente, sus depilaciones aparte. Esto es amor. Aquí se quieren y son súper felices. Se respetan. Cada uno tiene su espacio. Y alguna vez he osado preguntar, "oye, y si os apetece veros fuera de los horarios o circunstancias estipuladas", "así nos vemos con más ganas la próxima vez". Chapeau.

La verdad es que me parece genial todo. No es para mí, como diría el Cholo de Guardiola, pero olé por todos aquellos que puedan.

A mí me cuesta mucho estar una noche abrazado a alguien y soltar y saber que no volverá hasta el próximo lunes. Tengo que hacer el esfuerzo de querer menos aposta. Me gustaría lavarme los dientes juntos. No me importa todo lo demás. Los humanos hemos evolucionado en costumbres, vestimentas y gustos diversos, pero por lo que la especie ha subsistido es por querer  y ESTAR juntos. Imagino que ellos tendrán las mismas ganas de saber de la otra persona a mitad de mañana, aunque no esté en el acuerdo, y conseguirán transformarlo en algún otro sentimiento que no sea doloroso, sino comprensivo y adecuado para el bienestar de la sociedad. Que no rompa las reglas establecidas.

A mí me gusta saber de la otra persona, estar pendiente, y no tengo ningún afán de posesión. Precisamente las relaciones de pareja se basan en que uno está ahí porque quiere. Igual que estás, no estás, y se acabó la historia, no puedes echar atrás ni hacerlo de manera distinta. Y en realidad esa elección es la grandeza del amor: alguien elige tu compañía y no la de otra persona. Es algo muy bonito.

Nos vemos.