Muy buenas.
El otro día escuché una noticia en la radio que me hizo bastante gracia. Al parecer, se ha visto incrementado considerablemente el número de operaciones de alargamiento de pene en los últimos años, siendo el precio medio del centímetro unos dos mil euros.
Bueno, no sé si esto valdría para hacernos una "tasación" particular, como los futbolistas que aseguran sus piernas... Imagino que, al igual que en esos casos, hay más factores que influyen en el resultado final: rendimiento, eficacia, etc., y que luego esa tasación se podría llevar a algún sitio, no?, como demostración de ciertas garantías y compromiso de cumplimiento. Bueno, es algo que se me ha ocurrido. Dicen que en tiempos de crisis los únicos negocios que prosperan son los que están basados en la imaginación, pues ahí va uno, el primer banco de tasaciones y avales genitales.
No es algo para tomárselo a risa. En realidad, todas estas operaciones vienen dadas por lo que se conoce como el Síndrome del vestuario (nosotros sabemos de qué hablamos, vosotras?). Si tiene un nombre y es un síndrome, es algo serio. He tenido la suerte de vivir dos generaciones en deportes de equipo, primero como jugador y más tarde como jugador que se resiste a dejarlo y entrenador. Si tuviera que decir cuándo me di cuenta que no estaba en el lugar adecuado -o debería decir el tiempo adecuado- fue al acceder a los nuevos vestuarios.
Por lo general, los vestuarios de hoy en día son bastante modernos, tipo jacuzzi o baño turco, con grifos y duchas de diseño que da miedo manchar. Hay muchos espejos, incluso en alguno he visto secador de pelo. Secador de pelo, señores, en un vestuario masculino. Según entras, una fila de bancos corridos donde cada jugador tiene su sitio habitual como pequeño santuario, igualito que los profesionales, de eso no hay duda. En las taquillas de cada uno o su bolsa particular, no faltan las cremas corporales, gomina y colonia de marca (En el fútbol no hay lugar para Mercadona) y todo utensilio necesario para el cuidado personal.
Los vestuarios de antes consistían en bancos de madera podrida y una tubería con agujeros que suministraba las gotas de agua (fría) que necesitabas para enjabonarte. Sin más. Todo tipo de útiles de limpieza de botas y recambios de tacos, petos sucios, un calentador estropeado y toda clase de ropa olvidada de las 20 temporadas anteriores que el utillero -previo pago de un botellín- te dejaba utilizar para el entrenamiento del día.
Pues bien, el Síndrome del vestuario consiste básicamente en la comparación en el momento de ir a la ducha. Antes esto era bastante gracioso, alguno te daba una toba en la cola, te metía un palo por el culo o te hacía la gracia 3, la de echarte champú una vez que estabas secándote... Todo muy sano. Ahora es, como decirlo, un poco inquietante. El único camino a las duchas está lleno de espejos. Espejos donde cada uno, según pasa, mira de refilón, sacando todos los abdominales que no sabías que existían! y se detienen un momento, algún pelo se ha movido, algo no está bien. Pero bueno, muchacho, si vas a la ducha, qué importan los pelos!
Y ahora os diré cuál es el momento de la retirada. Ese momento es cuando te diriges a la ducha y, haciendo uso del síndrome, te das cuenta de que no es tan grande como creías (mejor eso que no decir más pequeña que las demás). Pero, un momento, no puede ser, esto no puede cambiar de repente en una generación. Joder. Ahora lo veo claro: eres el único que no vas rasurado. Y cuando digo rasurado quiero decir bien rasurado, no como antes que llegabas al fisio y te hacía una escabechina. Quiero decir que las conversaciones giran entorno a qué maquinilla y cremas usar. Por favor, un poco de respeto.
Según el estudio, la longitud media del pene caucásico (como tú y yo, decía el investigador) está entre 10 y 12 cm, por debajo de lo cual se considera pequeño. Con esto, de momento, no hacemos negocio en tasaciones: ellas esperan algo más. Aquí es donde han estado listas las nuevas generaciones, dando un plus de cremitas y rasuramientos a algo que es lo que es!
En fin, yo soy caucásico, sí, como los demás, pero mi madre es cordobesa. Esto es, medio árabe. Vamos, que no exageraríamos al decir que soy africano...
Nos vemos.
martes, 11 de junio de 2013
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