Muy buenas.
Hace un tiempo regular y la piscina nunca está limpia del todo. Pasamos con esmero y dedicación el limpiafondos pero siempre hay una fina capa de suciedad que no acaba de desaparecer. Si lo haces demasiado rápido, sube hacia la superficie y se diluye, haciendo más difícil distinguirla. Entonces pones en marcha el skimer, cuya función precisamente es limpiar "lo que primero se ve", pero cuando crees que lo has logrado, al cabo del poco tiempo, el suelo aparece de nuevo sombreado.
La mejor solución es bucear y limpiar a mano lo más profundo, para lo cual es importante estar cerca del problema. Es difícil mantenerse pegado al suelo para hacerlo, pues la presión te empuja hacia el exterior así que se necesita a alguien que te sostenga mientras contienes la respiración y terminas con las manchas más profundas. Una vez que has hecho esto, es importante depurar y depurar, porque quitar las cosas de sitio no las elimina.
Este proceso se repite una y otra vez, pues el tiempo no siempre acompaña y, aunque todos queremos tener el agua transparente, en lo más profundo siempre quedan rastros de aquello que no se va, por mucho que rasquemos. Incluso a veces te gusta más el fondo de la piscina con ese tono, porque nada es impoluto y hay que aceptar las imperfecciones. Crees que puedes vivir con ello.
La verdad es que puedes bañarte sin problemas incluso con el suelo medio sucio. No se nota tanto cuando te acostumbras. Depende del umbral de limpieza que tengas en tu vida y lo pulcro que seas, o quieras ser. Quizás querer bañarte en un agua eternamente transparente sea un trabajo que requiera un esfuerzo por tu parte que no compense tanta dedicación. Tampoco soy tan perfeccionista.
Acostumbrarme digamos, durante 1 año, a bañarme sin prestar mucha atención a las manchas más profundas, no me ha causado enfermedad grave. He podido refrescarme y sentir la energía del cambio de temperatura cada vez que lo hacía. Lavo con frecuencia las toallas y pienso que todo está en orden. Esto demuestra que, en realidad, no soy nada perfeccionista.
En este tiempo no me he bañado en otras piscinas, así que no he podido compararlas con la mía. Esto, de nuevo, me ha permitido no darle demasiada importancia al hecho de que, visto desde mi habitación, el fondo nunca termina de estar como me gustaría. Quito con regularidad los insectos de la superficie y el aspecto mejora bastante, pero hacer la operación de limpiar el fondo siempre requiere coger aire extra y alguien que me sostenga. Ninguna de las dos cosas me apetece demasiado.
Pedí ayuda externa de profesionales. Observo lo que hacen y me parece tan sencillo que no veo la necesidad de repetir. Parece que todo se resume a constancia, no dejar que la suciedad más profunda se quede ahí perenne y depurar y filtrar cada día. Fácil para alguien riguroso y perfeccionista.
Los productos que me recomendaron no me funcionan. Imagino que cada piscina y superficie son diferentes y requieren cantidades distintas, y de nuevo mucha atención. Tengo que elegir entre seguir bañándome o tener la piscina cristalina, aunque sea con manchas en el fondo que no consigo limpiar. Pienso que es mi piscina y mi baño, así que a nadie le debe importar demasiado, a no ser que quieran hacerlo conmigo. En ese caso igual sí haré el esfuerzo de, con un cepillo de dientes, pulir cada encuentro de las paredes con el suelo, los rincones más difíciles, y así pensar que una cala salvaje y virgen ha llegado para quedarse.
Bueno, pocas cosas vírgenes quedan. Prefiero salvaje.
Nos vemos.