jueves, 31 de enero de 2019

Curso para follar

Muy buenas.

Igual el título puede generar cierta confusión: ¿es un curso para CONSEGUIR follar o para APRENDER a follar?

Pues bien, al parecer una academia de Madrid ha ideado un curso de guitarra que nos enseña los acordes necesarios para follar, tal cual:


Como bien dice, basta con estar en la playa, montaña o cualquier reunión con amigas, atusarte con cierto gusto la barba, sostener la púa delicadamente en tu boca mientras te haces un moño y, con suavidad, tocar los acordes adecuados de la canción en cuestión.

Según el estudio, no sabemos muy bien la muestra tomada, esto sería suficiente para que se quiten las bragas. Tal cual. Tanto tiempo ideando tramas imposibles y creando situaciones inverosímiles en nuestra cabeza para descubrir que la solución es bien sencilla. Porque en una cosa tendría que darles la razón: es en lo único que pensamos y cualquier idea nos vale.

Yo también me he descubierto embobado mirando al guitarrista en infinidad de conciertos, he de reconocerlo. Ese sonido especial que es melancólico y energético a la vez, no sé, tiene algo especial. Desde luego mis mejores canciones están basadas en la guitarra, aunque no me bajaría los pantalones por ningún guitarrista... Dicho esto, está claro que son los reyes de la pista, con ese punto independiente sin la responsabilidad del vocalista y ese aire taciturno de genios que no necesitan a nadie. Bueno, a nadie exactamente no, a la rubia de turno de cada noche. Si los futbolistas admiran a los cantantes es porque son los únicos que follan más que ellos, o durante más tiempo...

El caso es que me parece increíble que finalmente se de por hecho que lo que importa es conseguir follar, no hacerlo bien. Es así de cierto. Es como si la conquista fuera lo importante y el resultado final dependiera de tantos factores que no mereciera un curso para mejorarlo.

Me llama mucho la atención que las mujeres sí se preocupan por eso. He visto multitud de cursos como "Conoce mejor tu vagina", "Tú y tu vagina", "El punto G, ese gran amigo desconocido", etc., y un grupo de chicas, espejo en mano, observando cómo llegar al orgasmo en sólo 3 pasos. Está claro que la educación es sexista, o lo era, espero. Muchas mujeres crecieron con el miedo a disfrutar, como si sólo estuviera permitido una vez que la relación es estable y adecuada, todo lo demás era golfería y las convertía en chicas ligeras.

Los tíos somos mucho más planos, como siempre. No creo que haya cursos masturbatorios y no conozco a nadie que se haya sentido mal por autocomplacerse desde pequeño, todo lo contrario, desde que se descubre es una búsqueda incesante de, cuanta más cantidad, mejor. Tampoco he oído, no digo que no los haya, a hombres que no disfruten del sexo, como sí algunas mujeres, que al parecer no pueden ni hablar de él. Sí los hay vagos y egoístas, pero me refiero a esta "asexualidad" tan de moda.

Lo que más me impresiona de todo esto es nuestra frialdad. Nos proponen un camino para follar, el más directo, y allá que llenamos las salas. Es como si las mujeres, en realidad, no existieran. No importa lo que piensan o lleguen a sentir, sólo importa que con esos acordes se derretirán. Me gustaría saber si las mujeres sienten esa necesidad, aunque no lo creo. Ellas tienen la sartén por el mango y deciden cuándo, cómo y con quién. Es así.

Llevo mucho tiempo sin decir algo bueno de los hombre, quizá por mi deseo de hacer todo bien y decepcionarme con ciertas actitudes. Hoy me gustaría decir que, en realidad, somos muy graciosos. De tan sencillos, nos descojonamos. Tal vez ser tan niños sea la clave para ser, a mi modo de ver, un poco más felices que ellas.

Clin, clin, clin, clin. Suenan los primeros acordes. Nunca supe tocar la guitarra, y la verdad es que me encantaría. Yo sigo confiando en mi olor corporal después de hacer deporte, en ese deseo primario que nadie puede controlar y que nos hace sentirnos salvajes.

Nos vemos.

viernes, 18 de enero de 2019

La (Des)Honestidad

Muy buenas.

Excelente documental acerca de la honestidad, o la falta de ella. Explica muy bien cómo mienten las personas y, sobre todo, porqué. Os dejo el enlace por si tenéis un rato. Merece la pena:

https://www.youtube.com/watch?v=ikiKgdYwejY

Nuestro reloj biológico no nos indica la edad a la que debemos estar preparados para ser engañados. De hecho, hacer de la mentira una costumbre y banalizarla solo contribuye a que la sociedad le reste importancia, haciendo de ello algo con lo que debemos convivir durante nuestras vidas.

Llamar categóricamente a alguien mentiroso no está bien visto. Son muchos los defensores de la idea de que al no haber una verdad única es imposible la existencia de una mentira, así, como la definición indica. Bueno. Igual deberíamos analizar por qué.

En primer lugar, y como premisa, voy a tomar el axioma universal que reza "lo que no quieres para ti, no lo hagas a los demás". Partiendo de aquí quizás sí debamos admitir que cuando alguien nos miente -en cualquiera de sus formas- nos hace sentir mal. Esto nos lleva a otro axioma, "lo que me hace sentir mal, no me hace sentir bien". Parece que aquí no hay discusión. Alguien me ha mentido, o no a su criterio, pero a mi me ha hecho daño.

El documental relata varias historias donde los protagonistas mienten para sacar un beneficio propio. De eso se trata, de un interés personal por encima del general o particular de otra persona. La lectura de por qué mienten o si realmente ellos creen que están mintiendo es la llave de este asunto.

A ver si os suena esto:

Honestidad: es el valor de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable y justo.
Sinceridad: modo de expresarse sin mentiras ni fingimientos

Seguramente no, pero esta sí:

"La sinceridad está sobrevalorada"

Socialmente está más aceptado no tener que decir la verdad porque nos exime de su cumplimiento. Si otras personas lo hacen, no es tan grave. Siempre podemos decir una mentira piadosa o no agarrarnos a la no necesidad de decir ciertas cosas, por muy verdaderas que sean, pues con ella podemos causar gran dolor. Bueno, again. Podríamos admitir que causar dolor está lejos de nuestras intenciones, pero desde luego resulta difícil aceptar que para ello haya que mentir. Alguna otra forma habrá!

Segunda parte, convivir con la mentira. Os pongo en una situación que seguramente es familiar: estáis hablando con una persona que os está mintiendo, y lo sabéis. Aún así, seguís escuchando, incluso le dais la razón y no decís nada. En realidad es su mentira y no tenéis que hacer nada. Por otro lado alguien podría estar viendo la situación y considerarte un hipócrita, pero bueno, a cada uno lo suyo, verdad?, mejor normalizar.

A fuerza de mentir, aún sabiendo que lo hacemos, convertimos en nuestra verdad algo que no lo es. Como las cosas que suceden después sí podemos considerarlas verdad, porque están ahí, la vida sigue y no es mentira, está claro, pero la base sobre la que está construida sí lo es. Nos viene bien?, quizá. Podemos decir que está bien? Discrepo.

Hay una cosa muy difícil en la vida que últimamente me está afectando demasiado y es la imperiosa necesidad de que todo sea cierto. Ya sé que diréis que hay distintos puntos de vista, cómo no!, pero esto va más allá. De qué vale "admitir" que algo es lo que es si no lo piensas de verdad? A quién vas a engañar! A ti mismo? Por otro lado, visto está, se miente, por interés, por corriente y porque es más fácil.

Tal vez sea una racha pasajera y en algún momento todo se vea diferente, no sé. Como enmendamos nuestros errores nos define como persona. Para ello, lo primero es preguntarnos qué queremos.

Nos vemos.






martes, 8 de enero de 2019

Mónica, Mónica, Mónica

Muy buenas.


"... Quédate conmigo, y esta noche dime, yo me voy contigo,

Deja que te lleve donde pueda despertarte de mis sueños a otra parte." M. Quijano


 Si tuviera que resumir mis últimos años sentimentales tendría que hablar de las CIRCUNSTANCIAS:

1. Accidente (de tiempo o lugar) que está unido a la sustancia de un hecho o dicho
2. Condición o característica no esencial (de tiempo, lugar, modo, etc.) que rodea a una persona y que influye en ella o en hechos relacionados con ellas.

En principio, y si nadie me corrige, estamos hablando, en el mejor de los casos, de un accidente o algo no esencial que debería quedarse en eso, algo no determinante. ¿Por qué entonces las circunstancias se tornan en algo tan profundo? Igual no hemos elegido bien el término.

Cuando una persona se quiere separar y no lo hace por las circunstancias, en realidad lo que tiene es MIEDO.

- Miedo a perder lo que tienes por no elegir bien
- Miedo a dañar a alguien
- Miedo a no conservar lo que te ha costado construir
- Miedo a ser la única persona culpable de que aquello se acabe
- Miedo a explicarlo a los seres queridos

Y así podríamos seguir, cada uno aportando sus experiencias personales.

Todo esto podríamos meterlo en el saco de las circunstancias. Es que tengo hijos pequeños, es que no tengo dinero para ser independiente, es que no es el momento, etc. Todos válidos en cualquier caso, pues son de cada persona y no causados por nadie más sino por nuestras propias limitaciones y capacidad de decisión.

Hay un miedo que no es achacable a las circunstancias, sino a las personas. Es el miedo provocado por otra persona, por sus amenazas y vejaciones que condicionan la capacidad de decisión de cualquiera. Para mí, no hay justificación posible ante esto. Esto no son circunstancias. Las personas que las conocen y callan, con la excusa de salvaguardar la intimidad de la pareja, hacen un flaco favor a las personas afectadas. Falsa amistad.

Dicho esto, y dejando a un lado las circunstancias, me he animado a escribir este post con la única idea de valorar la razón principal que nos impulsa a vivir: lo que queremos.

Porque una cosa es la vida que tenemos, elegida en mayor medida, y otra son las cosas que queremos, que nada tiene que ver. Podemos querer ser más altos o más bajos, pero sería imposible. Lo que no es imposible es jugar al baloncesto por ser bajo. Las cosas que queremos son nuestras y alcanzarlas o no está en nuestras manos, no en las de las circunstancias ni el miedo.

Si hay dos personas que les apetece estar juntas en cualquier situación, deberían poder hacerlo, no creéis? Estoy harto de oír a personas quejándose porque "tienen" que hacer cosas que no quieren, pero el contrato (con la sociedad?) no les permite dejar de hacerlas. No tendría más sentido si todo fuera real, si cada uno hiciera lo que quiere? Está claro que para eso tiene que coincidir lo que tú quieres y lo que quiere la otra persona. Mejor no preguntárselo...

Cuando no hay imposición para hacer algo sino que sólo entra en escena la voluntad de cada uno, parece bastante claro que eso es lo que queremos. Qué mal puede haber en eso? No me habléis de que sólo es una situación "ideal" pero difícilmente alcanzable. Si fuera así, qué sería lo demás? Cómo deberíamos llamar a vivir una situación que no queremos vivir?

Parece fácil organizar una orgía cuando estás soltero. Esto es lo mismo. Si no eres tú quien tiene que dejar de hacer algo, no puedes decirlo. O si lo dices corres el riesgo de entrometerte en la vida de los otros, con sus famosas circunstancias que, ¡oh azar! son idénticas a las del todo el mundo. Igual sí cambia nuestra respuesta a las cosas que suceden en la vida.

Quería escribir que no cambiaría ninguno de los momentos vividos "a propósito". No tenemos otra forma más sincera de ser que hacer lo que queremos. Nadie se sentirá engañado ni esperará algo que tendría que ser pero no es. Entiendo que, de alguna manera, todo lo que estoy diciendo invita a estar sólo, sin dar explicaciones a nadie y evitando malentendidos, pero no es mi punto de vista. Creo firmemente en la pareja y en la vida en común, con un matiz, que lo que haya sea lo que los dos quieren, sin ceder.

Si tuviera que elegir a alguien para compartir mi vida, elegiría alguien que me acompañara a la montaña. Que al pararme, muerto de frío, a ponerme los crampones, la encontrara sonriendo como si lo importante fuera estar conmigo, no el tiempo. Que estuviera dispuesta a machacarse conmigo haciendo rutas imposibles a cambio de estar toda la tarde en la bañera. Que, en cualquier sarao, entre la muchedumbre y cierta distancia, me encuentre con su mirada de búsqueda y confirmación: estás ahí, perfecto. Que pueda hablar conmigo de lo más profundo de sus pensamientos, sin buscar mi aprobación, pues no existe. Es lo que tienen los pensamientos más íntimos. Que encuentre su imagen en cada turista, recordándome que no viajo por los sitios, sino por ir con ella. Que, pese a no ser mérito suyo sino de la genética, su piel no te permita dejar de tocarla. Entre otras cosas...

Si tuviera que elegir a alguien, te elegiría a ti. Si no puedo elegirte a ti, pues no lo haré. Lo he dicho bien, creo. No lo haré, no elegiré. Seguiré y será lo que tenga que ser.

Ojalá todo el mundo pueda hacer lo que quiera y en ese proceso sea correspondido. Adiós miedo y adiós circunstancias.

Nos vemos.