Muy buenas.
O, "El próximo año a la misma hora", que esto de utilizar idiomas en el blog siempre da un toque internacional para las nuevas tecnologías y usuarios de redes sociales, esperando que algún editor extranjero intuya algo que los demás, incluido un servidor, estamos por descubrir...
Excelente película. Cuenta, a grandes rasgos, cómo una pareja, adúlteros ambos, luchan contra sus más íntimos instintos a cambio de poder seguir disfrutando de unos maravillosos encuentros casuales, anuales, por cierto, en los que satisfacían todas aquellas cosas que en sus vidas no podían, o no querían.
El personaje de Alan Alda es extremadamente neurótico -del tipo Woody Allen- a la vez de asombrosamente tierno. Sufridor y pecador por igual, incapaz de abandonar aquello que le ha sorprendido. Ellen Burstyn es todo sonrisa. Poco más se puede decir de una mujer que tiene una sonrisa así. Es como si dijera: a mí no me hables de problemas cuando estoy disfrutando.
Quería escribir, en realidad, de la gente que lucha contra el amor. Es como si supieras que vas a estar toda la vida luchando contra algo que sabes que sentirás, pero que disfrazarás lo mejor que puedas para que no afecte a tu vida. Hay muchos motivos para vivir situaciones así: enamorarte de alguien casado, de alquien que no te conoce, de primos, etc. Todos ellos tienes algo en común: deciden hacer de su sufrimiento una virtud, ya sea pensando en su bienestar o en el de la persona amada.
Con el paso del tiempo todo esto acaba saliendo, es inevitable. A veces, cuando no se puede más, decidimos confesar aquello que nos ha atormentado tantos años sin esperar más que comprensión. Otras, las más inverosímiles, nos encontramos con que la otra persona también ha tenido un sufrimiento paralelo. Conclusión: dos personas sufriendo para nada.
No voy a volver a deciros la necesidad de vivir lo que toca en cada momento, imagino que todos lo sabéis. Si quisiera responder a todos aquellos que opinan que no se puede hacer todo aquello que quieres porque hay otras muchas cosas que te lo impiden. Nadie impide nada. En realidad, todos nos escudamos en "seguridades" que necesitamos como excusas para no cargar con la oportunidad que se nos presenta. No quiero frivolizar, quien me conoce sabe de mi fidelidad. Sólo hablo de hacer caso a nuestros instintos, no aparcarlos.
Merece la pena vivir toda una vida esperando nada? Yo creo que no. Seguramente lanzarse a querer sin importar las consecuencias implica que alguien salga dañado, o no, nunca se sabe. Lo que sí sabemos es lo felices que estamos cuando queremos, eso es muy real. Tan real que nos lleva a hacer cosas que nunca imaginamos, sin importarnos las consecuencias. Eso, en todas sus vertientes, es querer.
He vuelto a ver la peli el otro día, después de 20 años. Tengo que decir que no recordaba el final, o mejor dicho, recordaba otro final. Será la edad? Será que esperaba lo que quería que sucediese? Será que mi memoria es tremendamente engañosa y sólo me lleva a donde yo quiero? Puede ser.
Después de ver una peli así sólo te queda disfrutar de la vida, sin excusas.
Nos vemos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Te veo en muy buena forma: me alegro.
ResponderEliminarNo recuerdo la película, pero recuerdo haber conocido una pareja en un pub de Fuengirola el día que Mourinho entró a formar parte de mis recuerdos para siempre. Él, inglés, elegante, podrido de pasta. Ella, nórdica, supongo que algún día fue atractiva, de joven. Se veían una vez al año. Él estaba casado y ella no: sólo uno de ellos parecía feliz. Estoy seguro de que adivinas cuál de los dos.
Un saludo useño,
Fer.