miércoles, 13 de mayo de 2015

¿En qué basamos lo nuestro?

Muy buenas.

Tanto tiempo intentando saber hacia dónde van las relaciones y ahora me surge una nueva duda, ¿estaremos de acuerdo en lo que queremos? ¿Aún siendo así, la forma en la que queremos conseguirlo, nos acerca o nos aleja? Porque no se trata sólo de llegar a un fin, sino de cómo vives esa vida. En realidad, debería ser lo más importante, ¿no? De qué vale haber estado junto a una persona si todo ha sido un infierno...

Cada cual justificamos nuestra vida, como es natural, pues es la que nos toca vivir y a nadie le gusta decir que está viviendo una porquería (salvo cuando aparecen las lágrimas, o el alcohol...). Al dar nuestra opinión de cómo debería ser la convivencia tendemos a "acercarla" a nuestra situación, por el mero hecho de encontrarnos aunque sea de refilón en el camino de la felicidad, que es como el dinero, que muchas veces aún estando cerca de él nos da cierta seguridad.

A mi parecer, estos son los distintos tipos de argumentos en los que basamos nuestras relaciones:

En el amor

La más común. Es fácil justificar todo con un "nos queremos". Podemos perdonar todo aquello que no soportamos de nuestra pareja porque, en realidad, nos queremos. En realidad, como si todo lo demás no lo fuera. Están pasando cosas muy graves, pero "en realidad" nos queremos. Si quitáramos la mísera vida que llevamos, lo poco que nos vemos, lo nada que follamos, sólo quedaría que nos queremos. Adelante con los cañones.

En lo que tenemos

No sé muy bien qué significa, pero quiero entender que se trata de todo aquello que hemos conseguido con tanto sufrimiento y las broncas que hemos tenido que aguantar y los malos momentos que hemos pasado juntos... No sé, es un áurea de no sé qué que hace estar juntos aunque no se soporten pero, joder, cómo vamos a dejar "esto que tenemos"!

En los niños

Puede que sea la más comprensible por lo difícil que es sólo pensar que un niño lo pueda pasar mal, ya sea por una torcedura como por una separación, cualquier mínima cosa que pueda afectarles nos hace seguir aunque no haya un camino cierto. Basar algo en los niños es, a mi parecer, un refugio muy temporal. Tienen vida propia y cuando quieres darte cuenta están pensando en su vida, como tiene que ser, y todo lo que creíste haber hecho por ellos no es más que un vacío en el tiempo, pues los problemas no se van sin ser resueltos.

En el sexo

Inevitable. Si una persona está enganchada a otra sexualmente, todo vale. La más absurda e inviable de las relaciones cobra sentido por un sólo instante de pasión. Nos ciega tanto que no nos deja ir más allá, pensando que, mientras se resuelve lo nuestro, estamos de la mejor manera que podríamos estar. Desde luego, si hay que esperar, es la mejor manera...

En el respeto

Yo te respeto y tú me respetas. Nos respetamos. Fenomenal. Tú te vas a baile y yo al fútbol. Tú vienes a comer donde mi madre y yo hago las visitas oportunas a los familiares del pueblo. Yo te engaño, tú me engañas. Todos tenemos lo nuestro, así que mejor no pensarlo y seguir adelante.

En los demás

Aunque parezca mentira hay gente que basa su relación en los demás. Cualquier cosa con tal de no estar a solas con tu pareja: quedar con los amigos, salir de casa, hacer muchas cosas, etc., todo vale menos afrontar una mirada fija que nos obligue a decir, qué coño miras! o, lo que es peor, quién es el señor que está sentado en mi sofá?

En la confianza

No estamos del todo seguros de que la vida que llevamos sea la que queremos llevar, pero confiamos que la otra persona quiere estar con nosotros y confiamos también que lo que queremos es estar con esa persona. Total, que confiamos que no se rompa una tubería.

En la amistad

Somos amigos. Es ideal, pero los amigos no se acuestan (salvo deslices). Hay un matiz distinto que tiene que predominar y que es precisamente lo que nos diferencia de los amigos: el deseo. Está bien!!!, sí, ya sé que se puede desear a los amigos, pero me refiero a un deseo constante. Vale!!!, igual no me he explicado bien, un deseo constante y sincero. Eso sí.

En fin, imagino que todos dirán que en una buena mezcla de todo esto está lo ideal. Puede ser. Yo nunca oigo a nadie decir que basa su relación en lo que le apetece, y a lo mejor deberíamos empezar por pensar en lo que queremos. Que lo que queramos sea lo mismo que quiere la otra persona sería un gran paso. Que disfrutemos de cada momento sin mirar el final en vez de buscar un final feliz a costa de un tormento constante.

Si tengo que elegir, quiero sexo a todas horas, que me quieran, que me comprendan, que se fíen de mí, que me respeten, que quieran a mis hijos y que sea muy amiga. La mejor a ser posible. Yo corresponderé.

Nos vemos.

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