miércoles, 14 de marzo de 2018

Me voy, pero no vienes

Muy buenas.

"No es el tener que irme lo que me causa dolor, sino que mi verdadero amor deba quedarse atrás". Efectivamente, no es mía la frase, pero como la escribo yo, algo sí lo es en realidad. Por cuestiones de azar, la escribió Bob Dylan (Farewall), simplemente porque se le ocurrió antes que a mi, como todos los descubrimientos existenciales que tienen dueño solo por una cuestión temporal.

¿Es acaso justo que grandes nombres de la filosofía se apropien de grandes pensamientos únicamente por el hecho de haber nacido antes? Creo que el mismo mérito tiene el que lo descubre por sí mismo -aún descubierto por leerlo de otro- que el mismo autor. Rompamos pues una lanza en favor de la conversión del conocimiento, de lo intuitivo, de lo empírico a lo filosófico, by Iván.

Sí, está claro que el conocimiento empírico es vulgar, de la calle, pero es real. El hecho de ser tan repetitivo, por no decir aquello de tropezar siempre en la misma piedra, lo convierte en científico! Pero ni aún así me interesa, prefiero el filosófico, el que no está basado en los sentidos de cada uno, pues cada uno ve, escucha e interpreta a su manera.

Para ser crítico conmigo mismo diré que me traiciono constantemente, es decir, me paso la vida cuestionando lo que hago y comparándolo con la realidad, como una búsqueda constante de sentido e interpretación de todo aquello que nos rodea y lo que somos. Hasta aquí todo sería bastante normal y seguiría una línea de actuación si no fuera por lo que me afecta el conocimiento intuitivo de los demás: no sé cómo viven sin pensar más allá.

No quiero ser arrogante ni pedante ni presuntuoso, creo no serlo. Hay ciertas cosas que sé y sé que los demás no las saben, ni quieren saberlas. Hay dos opciones, estar tranquilo y ser uno mismo, o caer decepcionado una y otra vez ante el muro que existe entre lo que quieres y lo que es.

Es por todo ello que uno debe seguir su camino. Que alguien no te acompañe porque no puede no merece ni comentario, pues es puro desconocimiento, pero que no lo haga alguien por no querer es sencillamente devastador. Sé que la crítica popular es fácil y se centra en el pensamiento lineal de que mi camino no es el del resto, y que aquellos son igual de válidos.

Perfecto. Mi camino es mío. Me gustaría compartirlo, disfrutarlo, crearlo, pero no puede ser por definición popular. Porque no quieren, vaya. Porque como es mío no es el de los demás, y así nos apañamos todos. Qué triste! Entonces, para qué queremos a los demás? No es justo. Habrá que reconocer, pese a los interesados, que sí existe una forma de actuar buena.

Mi camino, entonces, el que elijo, es el del bien. Elijo el de no mentir, el de pensar siempre en los demás y ofrecerme tal y como soy sin reservas. Elijo no conformarme un sólo minuto con algo que no quiero. Elijo estar bien, siempre.

Parece que es el camino de todos, verdad? Pues no, porque el conocimiento empírico, que no puede ser transformado en científico porque no somos probetas, manda sobre nosotros.

Una realidad si es incuestionable: el hecho de que yo vea nítidamente cuán feliz sería con una persona no vale de nada. Como ya he dicho en alguna ocasión, y tampoco es una frase mía sino del País de las certezas, "el que no arriega está muerto, mucho peor la indecisión que el arrepentimiento".

Nos vemos.


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