Muy buenas.
Al César lo que es del César, o como he dicho otras veces, descubrir que una frase no es tuya sólo por una cuestión temporal no debería privarte de derechos de autor. En cualquier caso gracias, Alejandra Pizarnik.
Y a qué tanto empeño en tener lo que tenías... Con nada venimos y sin nada nos iremos, así que todo aquello que vivimos será nuestra mochila, si es que la aceptan, allá donde vayamos. Por eso, afortunadamente, dos instantes no son iguales. Por mucho que intentemos clonar los días para tener el mismo resultado siempre aparecen nuevas variables que nos llevan, como aquellos libros de "Elige tu historia", a un nuevo desenlace muy lejos de lo que queremos, o no tanto, pero nunca igual.
La diferencia entre el amor y las cosas es precisamente que no se puede reemplazar. Y esto es lo maravilloso, por eso las cosas no tienen importancia, porque siempre puedes recurrir a ellas si tienes esa necesidad. Le quita todo el valor porque no implica ningún esfuerzo, es una cuestión de intercambio material.
El amor queremos cuidarlo, cuando habría que gastarlo y usarlo como la cosa más sencilla, pues jamás podremos obtenerlo de nuevo, al menos ese mismo. Y también ahí radica su belleza. Meterlo en una vitrina de cristal para verlo desde fuera lo convierte en fútil, en sustituible. En realidad es lo que queremos, tener la seguridad que siempre estará ahí para cuando queramos disponer de él. Exactamente igual que cualquier cosa.
Toca barajar y repartir de nuevo.
Empezamos.
Cada minuto vale oro. Cuanto más lo gastemos, más ricos seremos, porque el oro es por gastarlo!
No podemos perder tiempo en cosas que no queremos hacer. Complacer a alguien es muy gratificante, tanto que mucha gente dedica su vida a ello. Si es lo que queremos, fenomenal, pero que no sea únicamente por la otra persona.
Lo normal es que no queramos ver tristes a las personas que nos acompañan. Digo lo normal porque a veces hay que hacer verdaderos esfuerzos por creerlo, pero diré que sí, que es verdad. Preguntar qué pasa es muy común. Aceptar la respuesta no tanto. ¿Quién iba a querer estar con alguien a quien no haces feliz? Da igual el motivo.
El concepto de "Responsabilidad afectiva" no es muy común. De hecho no mucha gente cree en él. Yo sí. Uno sabe, si no está engañado, que grado de correspondencia tiene en el amor. Si no está equilibrado porque eres tú quien quiere más y la otra persona menos, tienes un problema gordo. Si por el contrario eres tú quien quiere menos, y lo sabes, el problema suele ser del otro. Ambos se resuelven de la misma manera, con valentía.
En algún momento hay que pararse y hacer un ajuste de cuentas entre tus ideales y la (cruda) realidad. Y volver a ser valiente. Y pensar si quieres una urna para mirarla o gastar cada minuto como si fuera el último. Para mi el amor es eso, cuando sientes que no tienes alternativa pero te das cuenta que en realidad si la tienes, y aún así te quedas.
Total, que haces tus cálculos y descubres quien es la persona que más quieres. Pero todos somos únicos. Lo curioso de serlo es que desde ese punto de vista eres el mejor, pues no hay nadie como tú. De los tús posibles eres el mejor, pero también el peor. Entonces tus criterios son buenos (y malos) para ti, pero para los demás son los suyos, y no puedes hacer nada.
Deberes:
Iluminar mi habitación
Conseguir que grandes plantas crezcan en el salón.
Nos vemos.
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