Muy buenas.
"El corazón tiene razones que la razón ignora" (Blaise Pascal)
Que el amor no pueda con todo definitivamente parece algo triste, pero no siempre debería ser así. El amor irracional es más peligroso que el desamor, por lo incontrolable que se vuelve todo en cuanto a autoestima, agresividad, ira o, en el peor de los casos, maltrato. El guantazo del desamor es doloroso, pero suele ser uno, aunque el proceso aún dure más en el tiempo.
La idea de mutuos sacrificios en pareja está obsoleta. Hacer algo que uno no desea, por el motivo que sea, siempre debería ser una de las últimas opciones. La existencia de una entrega personal razonable nada tiene que ver con una vida de sacrificios, aunque entiendo la confusión ya que solemos buscar el equilibrio de dos, y no siempre se puede.
Los momentos más memorables suelen ir unidos a la sin razón, a todo aquello que no pensamos y nos sale porque sí, porque nos apetece. Estoy dispuesto a aceptar esta afirmación siempre que reconozcamos que son igualmente efímeras y que no ocupan un porcentaje de tiempo en nuestras vidas significativo. Uno no siempre está borracho en el punto justo, ni gracioso en cada cosa que dice.
"Los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse apasionados entre 18 y 30 meses! (Cindy Hazan, Universidad de Cornell en New York). Tenemos no mucho más de 2 años para ser apasionados, señores, al tema. Al parecer, el verdadero enamoramiento aparece cuando el cerebro produce Feniletilamina, algo parecido a las anfetaminas. Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxiticina (además de estimular las contracciones uterinas para el parto y hacer brotar la leche, parece ser además un mensajero químico del deseo sexual), y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado. Estos compuestos combinados hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño.
Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente, la fase de atracción no dura para siempre y comienza entonces una segunda fase que podemos denominar de pertenencia dando paso a un amor más sosegado. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. Dicho estado está asociado a otra DUCHA QUÍMICA. En este caso son las endorfinas -compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos- los que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a manifestaciones más tibias de amor -compañerismo, afecto y tolerancia-.
Volvamos pues a lo importante: necesitamos segregar constantemente dopamina y que las endorfinas no nos encuentren pronto. Y como el cuerpo es la máquina perfecta jamás creada, no hay suficientes estudios como para comprender la efectividad de elementos externos en nuestro cuerpo para esta sustancia. Lo que sí es seguro es que conocemos cómo elevar los niveles de dopamina de un modo natural:
1. Hacer ejercicio. La actividad física es fundamental para mantener un estilo de vida sano
2. Marcarse y cumplir objetivos: satisfacción
3. Escuchar música: he aquí la explicación cuando una canción nos salva una tarde
4. Evitar adicciones
5. Practicar sexo
El problema principal es que las endorfinas, en realidad, nos hace sentir bien. Por algo la llaman la droga de la felicidad. Tenemos subidón de dopamina y queremos nuestro ratito de endorfina para disfrutarlo, para quedarnos en el sofá relajados. En el amor ocurre lo mismo. Las endorfinas nos llaman a la tranquilidad, al bienestar de que nada ocurra (se supone que nada malo, pero a veces nada es eso, ni malo ni bueno). La dopamina sería lo irracional del amor, nuestros instintos más primarios, aquellos que genera el cuerpo y nos hacen estar alerta. La endorfina es casarse equivocadamente.
El amor no puede con todo, lo cual es absolutamente cierto y necesario a la vez. Mala excusa nos encontraríamos si todo valiera en nombre del amor, racional o no. Vivir es hacer cosas a cada momento. Nos empeñamos en seguir agarrados al amor más etéreo que existe, el que debería ser. Como quiero debo hacer esto y aquello.
Dicho esto, no sé por qué cualquier cosa dicha por una Universidad americana debería ser cierta. Creo firmemente en la dopamina más allá de los 3, 10 o 15 años. En mi caso, depende más de la sonrisa que la acompañe que del tiempo.
Nos vemos
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