miércoles, 29 de julio de 2009

Gran Torino

Muy buenas.



No sé si los guionistas tienen un patrón a la hora de crear personajes o directamente se basan en alguien conocido y aportan los matices, una especie de cortapega con formatos varios.


El caso es que particularmente muchos de esos personajes los asocio a gente conocida y, sinceramente, me cuesta pensar que D. Clint y un servidor tengamos la misma red social (los mismos amigos, vaya, que parece que estoy "en el rollo" de las jergas juveniles).


Las pelis de D. Clint se clasifican en 2 tipos: las que les gusta a la gente porque le gusta él mismo y las que les gusta a la gente, sin más. Todos nos hemos identificado con sus personjes, duros en un principio y sorpresivamente tiernos en otros. En Gran Torino ha decidido mezclarlo todo. Hombre honesto donde los haya, defensor de las injusticias e instructor por vocación, que no por necesidad.


Creo que hay hombres de los que quedan pocos. Los que no dicen groserías a una dama, los que no soportan las injusticias, los que hacen de la educación y sus valores morales una forma de vida. Nunca defraudan a hacienda, nunca llegan tarde, no van mal vestidos y no les verás sin su mujer. De los que enseñan que las cosas se hacen sólo de una forma: la correcta.

Suele coincidir que estos tipos de hombres nos atraen, nos sentimos a gusto a su lado. Se nos plantean dudas existenciales que probablemente se resuelven por ese camino: el de la simplicidad. Las cosas bien hechas bien parecen. Es como jugar al fútbol, el que más fácil lo hace es el mejor. También es cierto que no todo el mundo acierta a entender esto. Se le acusa de monótono, poco variado y demasiado simplista, cuando posiblemente comprender esa simplicidad sea lo más difícil.

También suelen ser hombres serios, poco amigos de las bromas, tal vez porque hubo momentos en los que no estaban permitidas las risas, cuando había que elegir entre hacerlo bien y comer y tener oportunidades en la vida, o tomárselo a la ligera y ver hacia dónde les llevaba el destino. Hombres que no regalan miradas y que sólo captan tu atención cuando el interés es mútuo. Todo en la vida hay que ganárselo.

Seguramente hablo de otra época que nos pilla a contramano, pero está ahí, a la vuelta de la esquina. Nuestros padres, nuestros abuelos, tampoco es conveniente olvidarnos de todo eso. Porque el tiempo pasa muy rápido y nadie abrirá nuestro baúl de "cosas que quise decir". A D.Clint no le he conocido, pero sí a otros, iguales o mejores, que no conocieron los Gran Torino pero, qué diablos, aquí sólo había 124.

Va por tí, D. José.

Nos vemos.

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