sábado, 1 de mayo de 2010

Celos?

Muy buenas.

Te has tomado unas vacaciones de relax con tu mujer, de las de no hacer nada, de las de cansarte de descansar. Una bonita playa con un montón de actividades contra el aburrimiento y unas hamacas situadas estratégicamente cerca del bar donde el camarero no deja de preguntar si quiere usted algo más.


Son sitios donde, después de un día de mucho sol, ya en la noche ves a tu mujer doradita y con ese resplandor que sólo da la playa. Pero está claro que no eres el único que la ve así. La playa siempre ha sido un lugar deshinibido.


Te apuntas alguna actividad que te haga sudar, que te haga apetecer una bebida bien fresquita. Al volver te das cuenta que el monitor de buceo, que es a la vez el jefe de la sección de masajes, está hablando con tu mujer con esa manía que tienen sólo los cachitas de agarrar mientras lo hacen. Debes preocuparte? Te vas a mantener lo mejor que puedas tu figura y cuando vuelves te das cuenta que allí no hay normas. Pero, un momento, sí debes preocuparte, en realidad es ella la que lleva el hilo de la conversación así que empiezas a pensar que probablemente la inició ella...


Es cierto que vuestra comunicación en ese viaje estaba naufragando pero, qué puedes esperar estando una semana 24 horas juntos, sin amigos, sin niñas, sin teléfono... Lo normal es que ella quiera "abrirse" a la comunicación pero, es un monitor-masajista la persona ideal para eso? Igual es argentino. O igual ni habla español y encima quedas como un analfabeto con tu spanglish (inconvenientes de casarte con una licenciada políglota...)


El caso es que no sabes si acercarte o ir a la ducha y luego preguntar como si nada, al fin y al cabo eres un tío maduro que además rebosa confianza. Finalmente decides optar por la opción 2: ir a hablar con una rubia y esperar acontecimientos del tipo "pues yo no te he dicho nada antes..." El caso es que eso no se produce y ella se lo toma con una tranquilidad desconocida y sorpresiva para .


Esto naturalmente no puede acabar así. Tú la has visto hablar con un monitor-masajista-cachas-argentino-conversador y ese peaje ha de pagarse, cueste lo que cueste. Esta vez debes poner toda la carne en el asador. Te pones la única camisa que llevaste. Aquella que tu mujer insistió en echar a la maleta ante tú negativa y por la que tuvísteis la primera discusión del viaje. En realidad te queda de cine: blanca de tipo ibicenco que resalta con el morenito que llevas.


Entras al cenador buscando la rubia con deseperación, como si hubieras quedado con ella. No la encuentras y te sientas a observar a esa pareja que baila tan bien. Qué cojones pareja pero si es el monitor con mi mujer! Sales escopetado sin sabes qué decir ni qué hacer y te sientas a mirar el mar esperando el peor de los desenlaces. Pero la playa tiene esas cosas, que siempre te da oportunidades. Alguien toca tu espalda y ves a la rubia que ahora te parece mucho más espectacular. Ella sí que está doradita. Su conversación es más que agradable y te has olvidado de todo.


Cuando no sabes qué lugar tomar, cuando casi agradeces que tu mujer estuviera bailando esa bachata tan sensual de lo culpable que te sientes al desear cosas malas, de repente, aparece tu mujer. Pero no aparece sóla. Aparece agarrada del súperhombre. Agarrada como si fueran pareja.


- Así que estáis aquí? Ya pensábamos que no os encontraríamos..., Federico y yo estábamos pensando lo peor.
- Federico? Tú? Estábamos? Os conocéis?
- Naturlamente. Claudia es la mujer de Federico. Ellos se encargan que a la gente del hotel no les falte de nada.


No sabes qué decir. Por una parte es un alivio que el tal Federico esté csado (aunque parece no importarle mucho), pero por otra tu autoestima está por los suelos. Además, tienes la sensación de que eres el único que está incómodo con la situación. Tu mujer todavía no se ha soltado de Fede -no parece estar incómoda ni con intención de hacerlo- y tu "no conquista" ni se ha inmutado, lo que te hace pensar que esto no acabará aquí.


En realidad siempre tuviste la fantasía de estar con 2 mujeres, pero que una de ellas fuera tu mujer y que además hubiera otro tío (y qué tío!), no entraba en tus planes. Qué hacer? Las pocas veces que insinuaste a tu mujer algo así parecía muy recatada y ahora se la ve, digamos, sueltecita, sin sueño, vaya. Tienes que dejar el pabellón bien alto, pero alto alto alto.


Te retiras unos metros para hablar con tu mujer.


- Qué hacemos?
- Lo que tú quieras cariño (lo que uno dice cuando no sabe qué decir)
- Yo lo estoy pasando bien. Ya sabes que sólo te quiero a .
(Eso te da que pensar que ya lo tiene decidido)
- Pues, no sé, lo que tú quieras (empiezas a parecer lelo)
- Hacemos una cosa, vamos los cuatro tranquilos a la cabaña y luego decidiremos.

Hay cosas que un hombre tiene que hacer por su mujer, cueste lo que le cueste. A cualquier precio.

Nos vemos.

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