miércoles, 8 de septiembre de 2010

Acercarse para alejarse

Muy buenas.

Hay ciertas tendencias que parecen no poder cambiarse nunca, que siempre toman el mismo camino, o al menos todo el mundo las afronta de igual manera. Es como si uno supiera lo que va a pasar y aún así, se resistiera a dejar de hacerlo, a pesar de que seguramente conozca las consecuencias.

Cuando uno va hacia un camino es difícil que nadie le detenga. En estas circunstancias se da algo que nunca consigo calibrar bien cuando, de repente, te comentan lo que quieren hacer. Se supone que si no te dicen nada, están pidiendo tu opinión o tu consejo, o es sólo a modo informativo? Informativo casi lo descartamos porque cuando terminan de hablar y tú estás callado, siempre dicen "bueno, qué?". O sea, que se supone que tienes que decir algo.

Decir algo es bueno o es malo? Debemos suponer que la persona que nos está contando todo esto espera que le digamos lo que pensamos sobre el tema en cuestión o quizá lo dice para que le digamos lo que espera oír? Se supone que si sabemos que, efectivamente, está esperando que le digamos lo que quiere oír, debemos decírselo?

Naturalmente aquí entra en cuestión la otra persona. Qué sentido tiene que alguien nos pregunte algo que quiere oír cuando ADEMÁS sabe que lo vamos a decir porque efectivamente lo quiere oír? No será mejor que si alguien nos pregunta o comenta algún asunto, tenga la mente totalmente abierta para recibir nuestra opinión o consejo en su caso? Porque, podemos decir que hemos ayudado a alguien sólo por escuchar? La mayoría de la gente valora mucho que la escuchen, da igual lo que opinen, sólo necesitan desahogarse.

Y si alguien tiene la necesidad de contar algo porque de otra manera no le es posible comunicarse, no será mejor que de entrada digamos que el primer problema es precisamente ese, la imposibilidad? Seremos mejores amigos si asentimos en las conversaciones y no decimos lo que realmente pensamos, aún sabiendo que la otra persona necesita que la escuchemos?

Es un círculo de necesidades. Preferimos solucionar el problema más inmediato que tenemos sin pensar en el origen o en lo que pueda pasar después. El consuelo que encontramos al momento nos da una tranquilidad que no conseguimos pensando que ,ADEMÁS, tenemos otros problemas. Quién quiere reconocer que tiene algo que solucionar?

El siguiente paso es la confianza. Estableces una relación con alguien muy estrecha, cada vez más cercana. Da igual que sea tu pareja o un amigo/a. Es lo normal porque para poner en antecedentes y contar lo que nos pasa debemos establecer ese círculo de confianza, aún sabiendo que es un círculo caduco que sólo estará el tiempo necesario para solucionar nuestro problema. Recordemos que nosotros creamos ese círculo y que, en principio, es sólo caduco para nosotros porque es finito: queremos resolver la cuestión.

Entonces comenzamos ese proceso consistente en hacer a la otra persona partícipe de nuestra propia vida, haciéndole ponerse en nuestro pellejo para que sepa, de viva voz, lo que nos está pasando. Cuantos más datos tenga y comprometida esté la otra persona, más fiable podrá ser la valoración.

Una vez conocidos los detalles deberíamos saber si tenemos o no que hablar, y si es que sí, en qué términos. Quieres mi opinión o mi consejo? O mejor te callas porque al final sí que era meramente informativo.
Aquí es donde entra la supuesta "mano izquierda", esa por la que todos debemos saber sin que nos lo digan qué debemos hacer o decir.

Al final, es un traslado de emociones. Pasamos nuestras necesidades a otro con el fin de que nos parezcan menos gravosas. En realidad da igual su respuesta porque nosotros sabemos lo que queremos oír, lo tenemos decidido y lo que que necesitamos es sólo una confirmación. Conozco poca gente que acepte consejos y todos preferimos las opiniones, porque aunque las hayamos pedido, con decir que son eso, opiniones -y por tanto cada una diferente- es suficiente.

Lo malo son las huidas. Después de la tormenta de información y de la cercanía que hemos creado, solemos tender a huir, a darnos un espacio o tiempo prudenciales. Dónde quedan las personas que nos escuchan?

Nos vemos

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