sábado, 25 de diciembre de 2010

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Muy buenas.

Alguien muy especial me escribió esto y quiero dedicárselo a mi gran amigo Piru:

"Veo sigues apenado por la muerte de tu abuela. No la conocí mucho, sí lo suficiente para captar la finura de su visión sobre la familia. Como sus manos, -recuerdo sus manos elegantes, finas, con gestos pausados pero no torpes, unas manos que hacían juego con su mirada: mirada que entraba dentro de mi mirada, que transmitía más cosas que sus palabras, mirada de madre, de abuela que cautivaba. Una abuela para recordar durante tiempo. Pero murió. Llegó la hora de estar con nosotros de otra manera.



Siempre me ha impresionado la presencia entre los vivos de los que mueren después de haber acertado a vivir. Recuerdo al chaval que me decía que "estudiaba todos los días, porque era lo que quería su padre" El padre hacía un año que había muerto. Recuerdo conversaciones tenidas con huérfanos desde hacía años y que pensaban continuamente en sus padres. "Este chico -pensaba yo- se siente acompañado de sus padres más que cuando vivían" Creo que esto es así: los muertos están muy cerca de los seres queridos que siguen viviendo. Sólo que no los vemos. Por todas partes nos vemos rodeados por ondas, la radio, por imágenes, TV, pero no las podemos oír ni ver si no conectamos el receptor. Para tener experiencia de nuestros seres queridos que nos han precedido necesitamos inventar un "aparato capaz de conectar" con ellos. Mientras no tengamos ese aparato -tampoco lo necesitamos- disponemos de algo muy valioso: la FE."


Nos vemos

1 comentario:

  1. Me quedo con una frase:
    "Siempre me ha impresionado la presencia entre los vivos de los que mueren después de haber acertado a vivir".

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