Muy buenas.
Last day, para la versión internacional. Recuerdo cuando nos íbamos de vacaciones de pequeños que no tenías la sensación de prisa en absoluto. Naturalmente uno no tenía que hacer nada en especial salvo disfrutar, del tipo pensar en la comida, en recoger, hacer la compra, la colada, etc. En definitiva, limitarte a dejar pasar los días con lo que te fuera llegando.
Una vez que los roles cambian y empiezan las "responsabilidades", parece que los gozos dan paso a las sombras y las vacaciones son una continuidad de la casa de cada uno, pero un poco más lejos. El otro día un amigo me contaba cómo se planificaba la única semana de vacaciones que su espléndido trabajo con responsabilidades le permitía. Había cogido, ya que era sólo una semana, el mejor hotel que encontró a razón de 1000 eurillos la noche. A saber, todo incluido para su mujer y los niños con todo el lujo que pudiera pensarse. Al término del primer día no pudo dejar de preguntarse si había aprovechado lo suficiente ese día (y a razón de ese precio). El día siguiente amaneció con el convencimiento de que, desde el primer minuto, tenía que pasárselo bien, lo cual es bastante estresante, justo de lo que había huido yendo a ese lugar. Al final de la semana no sabía si había disfrutado todo lo que "tenía" que disfrutar.
Cuando nos roza alguna desgracia, a todos se nos llena la boca de términos como "aprovechar" cada día, no dejar pasar el momento y disfrutar todo lo que podamos porque la vida son 2 días, pero no lo hacemos. Nos encerramos en nuestras casas cansados de los trabajos que nos dan de comer y esperamos que nuestra ordenada vida no se tambalee. Lo único cierto es que la vida no espera por nadie. Podrás hacer cosas nuevas, incluso mejores, pero las que dejaste pasar no volverán.
Qué haríamos si nos dijeran que es nuestro último día es una pregunta que casi todo el mundo se hace. Algunos piensan que hacer cosas que nunca han hecho o harían estaría bien para despedirse, y eso es algo que no alcanzo a entender. Si lo quieres hacer cuando no te queda nada, poco lo vas a disfrutar. Seguramente no te atreves a hacerlo antes porque piensas que puede condicionar tu vida y, como ya no te queda, las consecuencias no las verás. En realidad, es bastante liberador: disfrutar sin rendir cuentas.
Pero igual sí podemos hacer algo más. Podemos decir lo que queremos. Tenemos la libertad de ser felices. Cómo la gente que está contigo va a negar tu felicidad? No es bastante triste que, apelando a que son tus últimas horas, todo el mudo consienta tus deseos y no lo haga cuando realmente puedes disfrutarlos? Puedes disfrutarlos incluso con ellos!!! A lo mejor es que no tenemos el valor de decir lo que queremos por miedo a las famosas consecuencias, ser responsable de tus actos y dueño de tus pensamientos.
Todos nos hemos quedado con ganas de decir o hacer algo con alguien, y no podemos recuperarlo. Hace tiempo que elogié a mi gran amigo V por su capacidad para poder disfrutar de las cosas sin condiciones. Poder ir a algún sitio sin reservas sobre los asistentes y con el total convencimiento de pasarlo bien, olé.
Si recibís una invitación, una llamada, vía cibernética, o cualquier otra posible, es porque me apetece hacer cosas con vosotros. Si ese día no nos vemos, acordaos que no volverá. Tiempos mejores vendrán, seguro, porque para ello luchamos todos, pero esperar nada...
Y vosotros, qué haríais el último día?
Nos vemos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Suicidarme
ResponderEliminar