Muy buenas.
Llega el frío invierno y como cada año, vuelven las historias de monstruos infames. Afortunadamente, en estas fechas, casi todas tienen un final feliz (En Enero ya veremos!!)
Pues bien, cuenta la leyenda que un terrible monstruo vive cerca de las montañas. Vive sólo con sus cachorros porque dicen que son los únicos que son capaces de soportarle, aunque otra mucha gente se pregunta cómo puede un monstruo querer compartir su vida con alguien..., pero en fin, esa es otra historia.
Como todos los monstruos que se precien, este actúa sólo (es curioso que así nadie pueda verificarlo...) y no tiene la más mínima piedad de sus víctimas. Cuentan que ha estado tomando café y dando largos paseos, y que siempre que puede aprovecha para preguntar qué tal están. Una vez, según dicen, incluso quiso acompañar a alguna a denunciar cosas horripilantes... Los monstruos nos son lo que eran.
Lo que sí sabemos es que es arisco, muy serio, casi podríamos decir que una persona intimidatoria. Muchos se preguntan de dónde sacarán tanto amor y cariño los que le rodean y, sobre todo, cómo no se le pega algo. Ya sabéis cómo son los monstruos, cabezones. Son tan monstruosos que no quieren que nadie se acerque para que no se les pegue nada. Pero, un momento, si no quieren que nadie se les acerque, cómo es posible que pasee con sus víctimas? No puede ser, alguna razón habrá. Culpable de todos modos.
Qué viene el monstruo! Las mujeres se echan a temblar. No, perdón, los hombres se echan a temblar. Algunos han llegado a decir que es capaz de estarse horas hablando de la vida y luego las deja escapar, así, sin más. Al final es lo peor. Tantas horas y tantas conversaciones les llena la mente de ideas raras que luego no saben procesar bien. Algo malo hay en el intercambio de tantos pensamientos. Algo que los hombres no pueden controlar (culpa del monstruo, no vayas tú a creer!).
Cuentan los más antiguos, que son los que más saben, que un día fue hombre como los demás, pero que quedó defraudado con su especie. No podía soportar la idea de convertirse en lo que él consideraba monstruos, así que, sin quererlo y sin darse cuenta, fue abandonando ese estado para pasar al actual, ladrón de confesiones inconfesables y no se sabe de cuántos delitos más.
Una vez un aldeano, no se sabe si por atrevimiento o prenda, le preguntó por qué insistía en estar sólo si lo que le gustaba era estar rodeado de gente e interesarse por las personas. Le dijo que era mejor estar sólo sabiéndolo que sin saberlo. Al parecer hay muchas (personas) que no, que prefieren estar sólas acompañadas. A estas no podremos considerarlas monstruos, aunque fueran un pequeños monstruitos hipócritas.
Pero bueno, ya se sabe que en realidad todos los monstruos, como los depredadores, huyen de los humanos. Quien no hace por encontrárselos no se los encuentra. Y esto es bien fácil. Uno sigue con su vida sin pensar mucho en lo que ha pasado o puede pasar, sabiendo que sí, que hay monstruos, pero que la culpa de lo que pase no es de uno y así no hará falta pensar el motivo de quien los busca.
Nos vemos
Grrrrrrrr
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