martes, 8 de enero de 2019

Mónica, Mónica, Mónica

Muy buenas.


"... Quédate conmigo, y esta noche dime, yo me voy contigo,

Deja que te lleve donde pueda despertarte de mis sueños a otra parte." M. Quijano


 Si tuviera que resumir mis últimos años sentimentales tendría que hablar de las CIRCUNSTANCIAS:

1. Accidente (de tiempo o lugar) que está unido a la sustancia de un hecho o dicho
2. Condición o característica no esencial (de tiempo, lugar, modo, etc.) que rodea a una persona y que influye en ella o en hechos relacionados con ellas.

En principio, y si nadie me corrige, estamos hablando, en el mejor de los casos, de un accidente o algo no esencial que debería quedarse en eso, algo no determinante. ¿Por qué entonces las circunstancias se tornan en algo tan profundo? Igual no hemos elegido bien el término.

Cuando una persona se quiere separar y no lo hace por las circunstancias, en realidad lo que tiene es MIEDO.

- Miedo a perder lo que tienes por no elegir bien
- Miedo a dañar a alguien
- Miedo a no conservar lo que te ha costado construir
- Miedo a ser la única persona culpable de que aquello se acabe
- Miedo a explicarlo a los seres queridos

Y así podríamos seguir, cada uno aportando sus experiencias personales.

Todo esto podríamos meterlo en el saco de las circunstancias. Es que tengo hijos pequeños, es que no tengo dinero para ser independiente, es que no es el momento, etc. Todos válidos en cualquier caso, pues son de cada persona y no causados por nadie más sino por nuestras propias limitaciones y capacidad de decisión.

Hay un miedo que no es achacable a las circunstancias, sino a las personas. Es el miedo provocado por otra persona, por sus amenazas y vejaciones que condicionan la capacidad de decisión de cualquiera. Para mí, no hay justificación posible ante esto. Esto no son circunstancias. Las personas que las conocen y callan, con la excusa de salvaguardar la intimidad de la pareja, hacen un flaco favor a las personas afectadas. Falsa amistad.

Dicho esto, y dejando a un lado las circunstancias, me he animado a escribir este post con la única idea de valorar la razón principal que nos impulsa a vivir: lo que queremos.

Porque una cosa es la vida que tenemos, elegida en mayor medida, y otra son las cosas que queremos, que nada tiene que ver. Podemos querer ser más altos o más bajos, pero sería imposible. Lo que no es imposible es jugar al baloncesto por ser bajo. Las cosas que queremos son nuestras y alcanzarlas o no está en nuestras manos, no en las de las circunstancias ni el miedo.

Si hay dos personas que les apetece estar juntas en cualquier situación, deberían poder hacerlo, no creéis? Estoy harto de oír a personas quejándose porque "tienen" que hacer cosas que no quieren, pero el contrato (con la sociedad?) no les permite dejar de hacerlas. No tendría más sentido si todo fuera real, si cada uno hiciera lo que quiere? Está claro que para eso tiene que coincidir lo que tú quieres y lo que quiere la otra persona. Mejor no preguntárselo...

Cuando no hay imposición para hacer algo sino que sólo entra en escena la voluntad de cada uno, parece bastante claro que eso es lo que queremos. Qué mal puede haber en eso? No me habléis de que sólo es una situación "ideal" pero difícilmente alcanzable. Si fuera así, qué sería lo demás? Cómo deberíamos llamar a vivir una situación que no queremos vivir?

Parece fácil organizar una orgía cuando estás soltero. Esto es lo mismo. Si no eres tú quien tiene que dejar de hacer algo, no puedes decirlo. O si lo dices corres el riesgo de entrometerte en la vida de los otros, con sus famosas circunstancias que, ¡oh azar! son idénticas a las del todo el mundo. Igual sí cambia nuestra respuesta a las cosas que suceden en la vida.

Quería escribir que no cambiaría ninguno de los momentos vividos "a propósito". No tenemos otra forma más sincera de ser que hacer lo que queremos. Nadie se sentirá engañado ni esperará algo que tendría que ser pero no es. Entiendo que, de alguna manera, todo lo que estoy diciendo invita a estar sólo, sin dar explicaciones a nadie y evitando malentendidos, pero no es mi punto de vista. Creo firmemente en la pareja y en la vida en común, con un matiz, que lo que haya sea lo que los dos quieren, sin ceder.

Si tuviera que elegir a alguien para compartir mi vida, elegiría alguien que me acompañara a la montaña. Que al pararme, muerto de frío, a ponerme los crampones, la encontrara sonriendo como si lo importante fuera estar conmigo, no el tiempo. Que estuviera dispuesta a machacarse conmigo haciendo rutas imposibles a cambio de estar toda la tarde en la bañera. Que, en cualquier sarao, entre la muchedumbre y cierta distancia, me encuentre con su mirada de búsqueda y confirmación: estás ahí, perfecto. Que pueda hablar conmigo de lo más profundo de sus pensamientos, sin buscar mi aprobación, pues no existe. Es lo que tienen los pensamientos más íntimos. Que encuentre su imagen en cada turista, recordándome que no viajo por los sitios, sino por ir con ella. Que, pese a no ser mérito suyo sino de la genética, su piel no te permita dejar de tocarla. Entre otras cosas...

Si tuviera que elegir a alguien, te elegiría a ti. Si no puedo elegirte a ti, pues no lo haré. Lo he dicho bien, creo. No lo haré, no elegiré. Seguiré y será lo que tenga que ser.

Ojalá todo el mundo pueda hacer lo que quiera y en ese proceso sea correspondido. Adiós miedo y adiós circunstancias.

Nos vemos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario