jueves, 3 de marzo de 2011

Cerrando círculos

Muy buenas.

He visto finalmente "Más allá de la vida" y, respetando los comentarios, me ha parecido un peliculón. Me parece que, el Sr. Eastwood, no sólo se limita a preguntarse dónde le llevan los 80 y pico años que tiene, sino que espera que ese sitio sea finalmente un premio para las buenas acciones: me parece que últimamente hace pelis sobre la fe.

Lo bueno de la peli no es dónde vamos, sino la influencia real de lo que decidimos hacer. Quiero decir que siempre nos marcamos una linea sobre la que desarrollamos nuestros actos para que sea cumplido lo que buscamos, pero luego casi nunca salen las cosas como pensábamos.

Lejos de desilusionarnos, volvemos a marcarnos nuevas metas y plazos que nos devuelvan al camino perdido (si es que en realidad es el perdido, y no el verdadero camino) e intentamos cumplir con los objetivos a corto plazo, que siempre son más fáciles. Cuando los logramos, en realidad lo que nos satisface no es cumplirlos, sino la confianza que el hacerlo nos inspira para afrontar nuevos retos.

Llevo unos días en los que, accidentalmente dirán, se me cruzan las historias. En el momento que uno se aleja del guión establecido, se asusta ante la posibilidad de no poder volver, cuando en realidad es la propia historia la que marca el camino: confundimos el punto de referencia. Siempre pensamos en nosotros mismos como nexo de unión con lo que nos sucede y no contemplamos la posibilidad de que la historia lleve su curso y nosotros podamos participar en ella o no.

El caso es que, haga lo que haga, el círculo se cierra. No sé si es tan azar como muchos quieren ver. Tampoco estoy de acuerdo con que una historia -nueva, emergente- tenga vida propia. Me inclino más por la idea de que todos la construimos y cerramos, dependiendo de lo que nos toque en ella, pero sin tener la capacidad en ningún momento de decidir cómo acabará. Diría que muchas veces se cierra bruscamente, incluso contra ella misma, por nuestra voluntad, que es implacable con lo desconocido.

He descubierto también que, además de psicólogo morfológico, soy abridor de historias (abrehistoiras si queréis) y muchas veces me empeño en no cerrarlas. Seguramente pienso que, mientras permanezcan abiertas, siempre nos darán oportunidad de intervenir (quién no quiere formar parte de algo?). Es otra forma de luchar contra el final, huir del destino y no recurrir, por ahora, a la fe.

Es por ello (OYE!!!), que volvemos a encontrarnos con personas que formaron parte de nuestras vidas (en cualquiera de sus versiones: amistad, amor, sexo, deseo, etc.) y nos permiten volver a aportar nuevas pinceladas a esa historia. Los caminos han cambiado, las decisiones son otras y, muchas veces, disfrutamos de segundas oportunidades aún cuando no las merecíamos por nuestro empeño en cerrarlas para poder continuar.

Podríamos decir entonces que hemos elegido nuestra historia? En todo caso, algún circulito sí habremos podido cerrar, pero no el definitivo. A los que están empeñados en cerrar historias, preguntaros primero si habéis hecho todo lo que teníais que hacer; a los que quieren abrirlas, bienvenidos a Ena-Moral-2.

Nos vemos.

1 comentario:

  1. Siempre lo he pensado y lo sigo pensando..... Tarde o temprano, los círculos siempre se acaban cerrando.

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