jueves, 8 de septiembre de 2011

Hasta aquí puedo querer (de esta manera)

Muy buenas,

Siempre me ha llamado la atención las distintas maneras de aceptar las separaciones de la gente. He escuchado poner verde a la otra parte, darle la vuelta a la tortilla y hacer creer que en realidad ya lo estabas pensando, hacer que el otro te deje porque duele menos o escudarse en cualquier asunto que ya no se puede resolver para explicar lo sucedido. De todas ellas, yo me quedo con una muy de moda que suena bastante a visitas al psicólogo: ha decidido poner fin a nuestro proyecto de vida juntos.

La verdad es que me hace gracia, porque lo de proyecto parece que todavía está en ciernes, como si no hubiera cuajado. Es una buen definición, porque al final uno siempre tiene que estar actualizando ese proyecto para que no se quede obsoleto y se caiga en algo ya visto, que parece que siempre nos lleva al aburrimiento, aunque la verdad es que la vida es muy plana, por mucho que la queramos redondear.

No voy a obviar la frustración que supone pensar que estás haciendo todo bien -que es lo que uno siempre piensa- y resultar que no es suficiente. Además, la otra parte siempre quiere dulcificar la situación dejando claro que no es problema tuyo, que lo has hecho bien, sino que en realidad lo que había se fue. Así, como el que no quiere la cosa. Es algo que te deja desarmado y sin respuesta.

La aparición de los advenedizos es muy común también. Por favor, acuérdense de no guardarse sus predicciones la próxima vez. Incluso si ronda el amor, avisen de inmediato, no vaya a ser que se haga tarde. Puede ser muy cierto aquello de que no hay más ciego que el que no quiere ver, aunque vaya acompañado de constantes preocupaciones porque todo vaya bien y tus primeros pensamientos siempre hayan ido en la misma dirección. No es suficiente.

El principio de este blog fue premonitorio. Estamos en 2 prismas. No confío en las mujeres en lo que se refiere a sus pensamientos, no digamos ya sus actuaciones. Puedes pensar toda la vida que están de acuerdo en algo y sorprendente cuando menos te lo esperas. Seguramente es algo que también nos atrae, esos bandazos de un lado a otro que hacen la plana vida masculina mucho más interesante. Pero sólo hasta un punto. A partir de cierto momento, la mente del hombre prefiere calmarse, pero la de la mujer no para. Nunca.

Hasta aquí puedo querer no porque no tenga más amor, que sí lo tengo. Tampoco porque me haya dañado -como a todos- y te deje muerto sin remisión y sin salida. No puedo porque no quiero, porque lo decido. No sé si podría querer más o mejor, pero nunca más sincero. Y no es suficiente. Nada me garantiza que no vuelva a pasar lo mismo. He empezado a pensar que es mejor aceptar la realidad: las cosas pasan.

Quiero dejar una cosa absolutamente clara: si alguien me ve en actitud hiriente hacia la otra persona, tendrá todo el derecho del mundo a recriminarme, pues no será justo. No puedo decir nada más que cosas buenas -salvo el tema del fin de proyecto, claro-, y cualquier otra actitud sería fruto de una no asimilación de la realidad o las formas. Así que please, estáis autorizados a llamarme la atención si esto sucede.

Y dónde quedo yo y mi ideal del amor? Pues en el mismo sitio. Y a la misma hora.

Nos vemos.

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